Granma, Cuba. – El niño Héctor García Salgado, de la comunidad Damagal de Nagua, en la Sierra Maestra, quedaba absorto con las letras, las figuras geométricas, los relatos históricos y los cálculos que su maestro de primaria narraba o ejercitaba en la pizarra.
Esos saberes propiciaron, que al igual que su instructor, se convirtiera en el excelente profesor de biología que es hoy, formador de varias generaciones de granmenses.
El reconocido educador, oriundo de Bartolomé Masó, recuerda con pasión, orgullo y compromiso aquella etapa en que tan solo él y cuatro de sus vecinos conformaban la matrícula de la escuela rural de la intrincada zona del lomerío en que vivía.
Asevera García Salgado que fue la grandeza del proyecto social cubano el que propició que muchos montañeses se convirtieran en pedagogos y regresaran a sus sitios de orígenes a enseñar a otros, para bien del magisterio nacional.