La Habana, Cuba. – El físico ítalo-estadounidense Enrico Fermi, nace en Roma, Italia, el 29 de septiembre de 1901 y muere en Chicago, Estados Unidos, el 28 de noviembre de 1954. Es conocido por el desarrollo del primer reactor nuclear y sus contribuciones al desarrollo de la teoría cuántica, la física nuclear y de partículas, y la mecánica estadística. En 1938 recibió el Premio Nobel de física por sus trabajos sobre radiactividad inducida. Es considerado uno de los científicos más destacados del siglo XX.

Una reacción nuclear en cadena es una reacción nuclear que se sostiene en el tiempo al provocar un neutrón la fisión (división) de un átomo fisible, lo cual libera varios neutrones, que a su vez causan otras fisiones. Esa reacción en cadena sólo se produce si al menos uno de los neutrones emitidos en la fisión es apto para provocar una nueva fisión.

El concepto de reacción nuclear en cadena lo utilizaban en húngaro Leó Szilárd (1933), quien el año siguiente patentó su idea de realizar un reactor nuclear sencillo. El físico soviético Nikolái Semiónov postuló la teoría de reacción química total en cadena, en 1934. La idea de las reacciones en cadena, desarrollada por Semiónov, es la base de varias tecnologías que utilizan incineración de mezcla de gases. Esa idea también se usó para construcción de reactores nucleares. En 1936, Szilárd intentó –sin éxito– crear una reacción en cadena usando berilio e indio. En 1939, Szilárd y Enrico Fermi descubrieron la multiplicidad de neutrones en el uranio, y demostraron que era efectivamente posible. Ese descubrimiento motivó a Albert Einstein a escribir una carta al presidente Franklin Delano Roosevelt, en la cual se le advertía de la posibilidad de que la Alemania nazi estaría intentando construir una bomba atómica.

Enrico Fermi creó el primer reactor nuclear en cadena autosostenible, denominado Chicago Pile-1 (CP-1), en una cancha de tenis, bajo las gradas del Stagg Field, de la Universidad de Chicago, el 2 de diciembre de 1942. El experimento de Fermi en esa universidad fue parte de las instalaciones del laboratorio de metalurgia de Arthur H. Compton, el cual fue parte del Proyecto Manhattan.

En 1956, Paul Kuroda, de la Universidad de Arkansas, postula que un reactor de fisión natural habría podido existir alguna vez. Dado que las reacciones nucleares en cadena sólo requieren materiales naturales (como agua y uranio), era posible que esas reacciones se produjeran si existiese una combinación adecuada de materiales de la corteza terrestre. El descubrimiento de pruebas de reactores nucleares naturales autosostenibles en el reactor nuclear de Oklo, Gabón (África occidental), en septiembre de 1972, verificó la predicción de Kuroda.