Andan enajenados los imperialistas del Norte revuelto y brutal. Esos que, alentados por Donald Trump, se creen impunes con tal de doblegar a la indómita Cuba.
No les basta apretar hasta casi la asfixia el dogal del bloqueo, intensificado hasta límites inhumanos desde enero pasado, cuando la Casa Blanca sumó la medida que impide -bajo duras sanciones- el suministro de combustible a Cuba y hace mucho más agobiante la vida para el pueblo.
A ese entramado de represalias, presiones y amenazas en su escalada de tensiones se agrega la acusación contra el General de Ejército Raúl Castro, por el derribo hace 30 años de dos avionetas del grupo terrorista Hermanos al rescate asentado en el sur de la Florida, luego de insistentes advertencias de que no se tolerarían más sus vuelos subversivos sobre territorio cubano. Se trata ante todo de una ofensa intolerable.
Líder indiscutido
La arrogancia agresiva de la administración Trump contra Cuba ha ido mostrando un rumbo cada vez más peligroso. Así lo demuestra el trasfondo político de acusar judicialmente al líder de la Revolución, General de Ejército Raúl Castro.
Son prácticas ya conocidas, aunque no tengan justificación alguna, ni legal, ni moral, para intentar deslegitimar al gobierno y lanzar un mensaje de que no se descarta incluso una incursión armada en el país.
Cuba jamás tolerará que se mancille su soberanía, y tiene en Raúl un líder indiscutido, íntegro, forjado en tantas batallas junto a Fidel, su hermano de sangre y de ideales.
El hombre humilde y generoso, que sigue siendo guía de la Revolución, con el compromiso de no defraudar al Comandante en Jefe y su camino trazado. Raúl es parte sustancial de la historia de Cuba. Es uno de sus símbolos, que el pueblo sabrá defender siempre.