La Habana, Cuba. – Aunque muestran avances, las negociaciones indirectas entre Rusia y Ucrania con la mediación de Estados Unidos no han conseguido que cese un conflicto iniciado por el deseo de la OTAN de infligir un golpe demoledor a Moscú, en una reedición de las tensiones que marcaron la Guerra Fría.
Primero fue la insensata invitación a Ucrania a formar parte de la Alianza, algo que supondría poner al enemigo a unos pasos de Moscú.
Junto a los abusos de denunciadas fuerzas neofascistas contra la población rusa en la región limítrofe del Dombás, ese fue uno de los motivos de que se iniciara la llamada Operación Especial Militar de Rusia en febrero de 2022, que ha conducido a una guerra.
El suministro de armamento a Kiev por parte de Europa y de la administración Biden, y su injerencia en el primer intento negociador poco después de iniciado el conflicto, frustró la posibilidad de alcanzar entonces la paz.
Apuesta por el fin de la guerra en 2026
La de Rusia y Ucrania ha sido en verdad una guerra de Occidente contra Moscú conducida a la mesa de negociaciones no exactamente por las gestiones de un Donald Trump disfrazado de pacificador, sino por la fuerza militar demostrada por Rusia, que no ha podido ser derrotada; por la renuencia del actual jefe de la Casa Blanca a seguir financiando el parque militar ucraniano, y la imposibilidad real de Europa de seguir destinando miles de millones de euros al mismo propósito.
Todavía la injerencia de países como Gran Bretaña, Francia y Alemania, y la negativa a reconocer las avanzadas posiciones rusas como primera carta a tomar en cuenta para una negociación, hacen escabroso un camino hacia la paz que Moscú ha condicionado, en primera instancia, a la no entrada de Ucrania a la OTAN y el respeto a las decisiones adoptadas por las regiones del Dombás.