La Habana, Cuba.- Tan frágiles como la tregua con Irán anunciada por Estados Unidos se vislumbran las conversaciones previstas desde este sábado en Paquistán, con la mediación de ese país.
La prepotencia del premier israelí, Benjamín Netanyahu, quien con sus bombardeos sobre Líbano desconoce lo pactado -según denuncia Teherán-, tiene sobre un polvorín el difícil cese de hostilidades y, aún peor, pone en riesgo la negociación.
Irán ha reiterado que para ello es indispensable el cese de las agresiones sionistas al Líbano, que dejan más de 1800 muertos y casi 7000 heridos, y seguían el viernes.
Ello demuestra que el ansia de dominio de Tel Aviv sobre el Medio Oriente desconoce cualquier compromiso con su sostén en la Casa Blanca y lo coloca en una situación humillante pues, para observadores, la administración republicana ha sido arrastrada por el sionismo a esta guerra, y ahora la pone en ridículo.
Prioridades distantes
Como era de esperar, las agendas de Estados Unidos e Irán son muy distintas. La nación persa, cuyas autoridades aseguran que el proceso parte de diez puntos planteados por ella, tiene como prioridad que no se reinicien los ataques contra su país: aspira a un cese el fuego total y duradero.
Pero ello pasa por un acuerdo que le permita continuar con su enriquecimiento de uranio. Desde Washington, sin embargo, el énfasis está en la reapertura total, por Irán, del Estrecho de Ormuz, cuyo bloqueo ha sido un arma indirecta de Teherán.
La medida ha disparado los precios del petróleo, afecta la economía global, y deja como responsable de los daños a Estados Unidos, protagonista de la guerra.
El hecho de que rendir a los iraníes le resultara a la potencia un hueso duro de roer, debe allanar los caminos para que, desde la Casa Blanca, los acuerdos fluyan.