La Habana, Cuba. – Del gabinete israelí podrá decirse que empujó a Washington al camino de difícil salida que ha sido la guerra contra Irán; podrá afirmarse que ignora o desoye a su mentor, quien lo usa como vigilante de sus intereses en Medio Oriente.
Pero no podrá decirse que no aprende de él. La interceptación por embarcaciones militares israelíes de 22 veleros integrantes de una flotilla internacional solidaria con Gaza, constituye una acción de tinte imperial.
Ya el año pasado, Tel Aviv detuvo el paso de otra escuadra de barcos civiles que, como pretende ahora la Flotilla Global Sumud, llevaba alimentos y medicinas a la Franja palestina asediada y bloqueada por las fuerzas israelíes.
Tel Aviv no tiene derecho: los activistas solidarios no buscan llegar a su país, sino a un territorio independiente aunque ocupado por sus tropas, que siguen apostando allí al escarnio y la muerte.
¿Hasta dónde?
Aunque otras acciones solidarias hacia el pueblo palestino han sido vilipendiadas por Israel, su irrespeto al Derecho y la vida se ha excedido, al mejor estilo de sus tutores en la Casa Blanca.
La veintena de embarcaciones de la flotilla han sido interceptadas en aguas internacionales, no israelíes; cerca de la isla griega de Creta, a más de mil kilómetros de los territorios palestinos ocupados.
Más de un centenar de sus tripulantes fueron detenidos y presuntamente trasladados de modo ilegal a Israel, lo que constituye un secuestro.
Autoridades de países como España, Italia, Colombia, Chile y Turquía entre otros, han condenado el hecho o, cuanto menos, expresan su preocupación, y se realizan movilizaciones populares por su libertad en diversas naciones.
Israel ha dado otra muestra de su desprecio por las normas y de su criminalidad, con esto que todos llaman: piratería internacional.