La Habana, Cuba.- Se le señala que lo que pretendía ser una escaramuza en Irán dura más de seis meses, sin idea en Washington de cuándo y cómo lo lograrán terminar: en efecto, la crisis que se comenta en torno al Pentágono tiene que ver con la poca confianza de que goza su titular, Pete Hegseth, y con la “limpieza” que ha emprendido dentro del Ministerio para dejar en sus puestos solo a quienes estén a su favor.
Según se ha filtrado luego de la reciente renuncia de uno de sus principales críticos, Daniel Driscoll, secretario del Ejército, Hegseth ha bloqueado los ascensos que correspondían a siete oficiales, lo que incrementa los comentarios acerca de que aspira a un poder omnímodo.
Pero la de Driscoll no ha sido la única dimisión en el Pentágono. Antes se fueron el jefe del Estado Mayor, Randy George, y el general Christopher Donahue, jefe del Ejército en Europa y África, y cuya renuncia pareció forzada.
Malos resultados
También se comentan destituciones y salidas de otros jefes civiles del Pentágono. Sin embargo, eso no es lo que más parece importar, sino los malos resultados que se adjudican a la gestión del ministro de la Guerra, Pete Hegseth, empezando por el irresuelto conflicto en torno a Irán y, en ese contexto, la comentada escasez de municiones que se achaca al cuerpo armado estadounidense, y que habría provocado que Trump tuviera que “recoger cordel” frente a Teherán, aunque vocifere lo contrario.
Entendidos aseguran que el Pentágono enfrenta una crisis de liderazgo y, al propio tiempo, otra crisis en su capacidad de operaciones, visible en una menor cantidad de altos mandos, menos armas cruciales, y menos informes acerca de su gestión que en cualquier otro momento.
Es muy posible que ello se sume a los motivos de descontento en las elecciones legislativas de noviembre. Veremos.