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La Habana, Cuba. – Hamas ha intentado llegar a los oídos sordos de Netanyahu. Jabalia, en Gaza, donde se ubica el campamento de refugiados criminalmente atacado por las fuerzas de Tel Aviv hace una semana, ha sido escenario de una acción ejecutada por un brazo de la organización armada palestina, mediante una emboscada a un grupo de soldados de Israel en uno de los túneles del campamento, que les causó una cantidad no precisada de bajas y detenidos.

Unas horas después, la misma brigada palestina, Al Qasam, reivindicó el lanzamiento de una batería de cohetes al centro de Tel Aviv “en respuesta a las masacres sionistas contra civiles”, señaló.

El ataque dejó un herido. Analistas apuntan que hacía meses no se registraba una acción de Hamas en medio de la estrategia de exterminio de Israel, ahora concentrada en Rafah, donde se reportaron otros 30 civiles palestinos muertos.

Golpe político

Lejos del poderío militar israelí, las acciones de Hamas demuestran su resistencia pese a la tierra arrasada de Tel Aviv, que aniquila a los civiles bajo el anunciado propósito de exterminar a la organización armada.

No lo ha conseguido. Tampoco quiere decir que estemos ante una guerra. No hay el menor indicio de paridad entre los supuestos contendientes: Israel ceba su saña contra todo un pueblo y suma más de 35 mil civiles muertos.

Claro que Netanyahu podría usar las acciones de Hamas para justificar más sangre. Sin embargo, está presionado por el dictamen de aprensión de la Corte de La Haya, la exigencia de cambios en su política por parte de miembros del gabinete, los nuevos reconocimientos al Estado palestino, y las protestas de la población que demanda el regreso de los rehenes. Hamas busca otro golpe político. ¿Cuál será el precio?

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