La Habana, Cuba.- La sobrevivencia de Irán y, más que eso, su capacidad militar para seguir respondiendo a los ataques de Estados Unidos e Israel, confirma lo que muchos advirtieron: el intento de descabezar el proceso iraní y propiciar su derrota militar podía significar el empantanamiento de los agresores, y extender el clima bélico al resto de la región.
Desde el inicio de la operación israelo-estadounidense el 28 de febrero, puntos sensibles de la infraestructura civil de Irán han sido brutalmente atacadas: hospitales y escuelas han sufrido los bombardeos, y las víctimas fatales suman más de 1300.
En respuesta, las fuerzas iraníes han atacado bases militares estadounidenses en Bareín, Arabia Saudita, Irak, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. Del lado agresor, el involucramiento de Gran Bretaña y los declarados deseos de Francia e Italia de enviar “ayuda”, amenazan con una extensión mayor.
No solo costos humanos
Esa integridad combativa de Irán pese a su manifestada disposición al diálogo, desmiente las aseveraciones de que el conflicto ha terminado. Según el diario The New York Times, 17 instalaciones de Estados Unidos entre las que se contaban bases militares y embajadas en la región, habían sufrido daños por la operación iraní Promesa Verdadera Cuatro.
A estos costos se añaden los económicos y la elevación de los precios del petróleo, propiciados por el bloqueo por parte de las fuerzas de Irán del Estrecho de Ormuz, por donde circulan tanqueros que movilizan el 20% de las exportaciones mundiales del crudo.
La imposibilidad de su venta ha significado incrementos acelerados de los precios del barril, por encima de los 100 dólares.
Todo ello indica que el conflicto en torno a Irán no solo se extiende: se complica y afecta la estabilidad de la economía global.