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Con apagones de más de 60 horas, escasez de combustibles para la cocción de alimentos y las frecuentes averías de la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras la resiliencia de los matanceros se pone a prueba.

El sonido de los ventiladores se convirtió en un lujo y la luz eléctrica es un visitante fugaz, pese a que un 30% de los habitantes cuentan con fuentes alternativas de energía.

La planta, con capacidad de 330 megavatios, aporta cerca del 20% de la energía al Sistema Electroenergético Nacional y su salida complejiza la operación e incrementa los apagones.

Mientras el bloqueo de los Estados Unidos a Cuba limita la llegada de piezas esenciales para su reparación, en medio de esa realidad, el ingenio de sus trabajadores, la creatividad y la solidaridad iluminan caminos que mantienen viva la esperanza de unas horas más de electricidad.

La vida sigue

Con residentes en la ciudad de Matanzas conversamos para entender cómo el cerco energético transforma la vida y precisa de más resiliencia para vencer los obstáculos.

Liz Salgado Ruíz, comerciante en la Calle de Medio, afirma que el bloqueo afecta su negocio al escasear las piezas para reparar equipos y eso frena los ingresos de la familia. El jubilado, Luis Vargas Soto, refiere que conseguir pan, aceite y alguna proteína es un reto porque a las colas se suma que en los negocios no aceptan pagos por trasferencias.

La ingeniera Elena López Mier asegura que los componentes para la caldera de la Guiteras no se fabrican en Cuba, solo el ingenio de los trabajadores garantiza soluciones a las averías y el estado busca los recursos para el mantenimiento.

Unos y otros concuerdan en que Matanzas vive la fragilidad de un contexto económico adverso, mientras sueñan un nuevo día sin bloqueo.