Septiembre deja atrás su primera semana y ya en casa no se respira el ambiente veraniego, aunque a juzgar por el intenso calor que aún persiste, pareciera que la etapa estival se rehúsa a decir adiós.
Si bien la mayoría de los hogares ya superó los días de forrar libros y arreglar uniformes, todavía algunos se encuentran envueltos en esos trajines.
Los más pequeños de casa, que cursan la enseñanza primaria, ya tuvieron el contacto inicial con sus compañeros de aula, un encuentro que deja escapar la emoción y la sorpresa propias de esas edades.
Con ese mismo entusiasmo se les ve a los estudiantes de las secundarias básicas, quienes combinan el estudio con los primeros amores que regala la adolescencia.
Y los discípulos que ahora cursan el 12mo grado tendrán que exigirse el doble para, al final del camino, vencer con éxito las pruebas de ingreso a la educación superior.
Abrir paso al conocimiento
En la semana inicial de septiembre también llegaron por primera vez a las universidades los estudiantes de nuevo ingreso, ansiosos por descubrir las plenitudes de la que muchos coinciden en llamar la mejor etapa de la vida.
De igual forma lo hicieron los discípulos continuantes, esos que ya conocen a su alma mater, sus límites y libertades.
Para algunos, el regreso a clases tiene como meta escalar un nuevo peldaño en la formación universitaria; sin embargo, para otros supone el último año como estudiantes, el final de una hermosa aventura que completarán cuando el almanaque se deshoje y el verano vuelva a tocarnos la puerta.
Y mientras septiembre se desliza en el calendario y la etapa estival perdura en la memoria de quienes asisten a clases, la escuela, con su encargo de educar y forjar, abre paso a la inteligencia y al conocimiento.