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La Habana, Cuba.- Como lo ha hecho contra otras naciones, Washington sataniza y acude a la manipulación para justificar su política agresiva contra Cuba.

Al bloqueo de más de 60 años se sumaron nuevas medidas punitivas que han llegado al punto máximo de asfixia con el bloqueo petrolero, un castigo criminal que la Isla busca sortear administrando a gotas el escaso crudo que tenemos, y agilizando la transición energética hacia energías limpias en la medida de lo posible, y con la colaboración de naciones solidarias como China.

Para recrudecer la persecución, la Casa Blanca acude descaradamente a la mentira. Así como a Irak se le acusó de poseer armas químicas a inicios de los 2000 durante la falsa campaña de W Bush contra el terrorismo, Cuba ha sido señalada como un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos: un embuste que usa como hoja de parra para justificar lo injustificable.

De falacia en falacia

La campaña de Estados Unidos contra Cuba no solo miente al querer justificar su política ante el mundo-, intenta engañar a los propios cubanos presentando a su Estado como incompetente -el llamado “estado fallido”.

En verdad, es Washington quien con sus medidas coercitivas busca cercenarle a la Isla todas las posibilidades. Precisamente, una de las facetas más oscuras de esa política es su cada vez más intenso carácter extraterritorial, como lo constituye la presión y la amenaza de castigo sobre naciones y firmas que violen lo que, ilegalmente, el poder imperial diga que ha establecido.

Ello ocurre en un momento en que el propio desconocimiento de Washington a las leyes convirtió en letra muerta el Derecho Internacional. El mundo se siente bajo amenaza. Pero no debiera permitir más felonías contra una nación pacífica como la nuestra.