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Los cubanos Rafael Fortún, Ángel García y Alejandrina Herrera ganaron el oro en las pruebas de 100 y 400 metros planos y lanzamiento de disco, respectivamente, en los VII Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Ocurrió en México, en 1954, y llegaron a la cita faltos de apoyo social y del gobierno: solo llevaron el sobrio presupuesto recogido por el Comité Olímpico y la Oficina de Comercio de Cuba.

Fue la artemiseña la primera mujer negra que representó a Cuba en juegos internacionales y quien logró la primera presea dorada para su país en aquel encuentro, al triunfar con 37,18 metros.

A Alejandrina Herrera, discriminada por directivos del sector y de clubes deportivos aristocráticos por negra, mujer, pobre y militante de la Juventud Socialista, tuvieron que reconocerla como el mejor deportista del país ese año.

El estigma

En la impulsión de bala y lanzamiento del disco destacó Alejandrina Herrera, quien renunció al florete cuando le gritaron que estaba loca porque a la gente de su color no la querían en ese deporte ni para limpiar las armas.

Para ella dos momentos fueron muy lacerantes: pese a exceder la marca mínima de los Primeros Juegos Panamericanos de Buenos Aires, en 1951, fue excluida: le dijeron que su caso era negativo por negra y roja, dos colores muy feos.

El otro, en los Juegos Panamericanos de Chicago, en 1959, en el aeropuerto de Miami la retuvieron por unas dos horas al estar incluida en el manual amarillo con el nombre de todas las personas comunistas del mundo.

Al jubilarse, Alejandrina Herrera mostraba 16 récords nacionales en bala y en disco, y trabajó como entrenadora; falleció en La Habana a los 73 años.