El 19 de abril de 1980 se efectuó en la Quinta Avenida capitalina la primera Marcha del pueblo combatiente, desfile multitudinario donde participaron más de un millón de cubanos.
La causas que provocaron aquel acontecimiento fueron los sucesos ocurridos en la embajada de Perú ese mismo año y la crisis migratoria consecuente.
Pero, hagamos un poco de historia: Después del atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, las agresiones contra Cuba no cesaron y ya en 1979, pequeños grupos estimulados por los gobiernos de entonces de Perú y Venezuela, irrumpieron en las sedes de esas naciones en La Habana.
Exactamente, el primero de abril de 1980, un grupo de antisociales penetró por la fuerza en la embajada peruana; en el hecho perdió la vida el soldado Pedro Ortiz Cabrera.
Postura del gobierno revolucionario
Ante la realidad de que las embajadas no cooperaban en su propia protección, el gobierno cubano decidió NO arriesgar la vida de más soldados y retiró la custodia de la sede peruana y se ofreció a hacer lo mismo con cualquier otra que lo solicitara.
Miles de personas, gran parte de elllas delincuentes, tomaron por asalto la embajada peruana; ninguno era perseguido político y habían disfrutado hasta ese momento de la libertad y seguridad que se garantizaba.
La situación originada por la aglomeración en tan pequeño espacio y la imposibilidad del gobierno peruano de prestarle la atención necesaria, hizo que Cuba instrumentara la forma de garantizar agua, alimentos y atención médica a los allí reunidos.
Por supuesto, las agencias de prensa y los periódicos capitalistas orquestaron una campaña de desinformación alrededor de los sucesos donde era común el elogio desmesurado de los disidentes.
Pueblo en combate
Aquel 19 de abril más de un millón de compatriotas desfiló sin interrupción durante todo el día por las amplias carrileras de la Quinta avenida habanera, lugar donde se encontraba la sede de la Embajada de Perú y que hoy alberga el Museo Histórico de la Marcha del pueblo combatiente.
Aquella manifestación fue la indignada respuesta popular a la nueva campaña de agresiones emprendida contra la revolución cubana por el imperialismo.
Días después, el Primero de mayo, prácticamente todos los habitantes de la capital y sus alrededores se encontraban en la Plaza de la Revolución José Martí, junto a Fidel.
Con respecto al peligro que representó el trance, el Comandante en Jefe expresó: Si no se está dispuesto a desafiar los riesgos de cualquier tipo, los riesgos de agresión militar como los riesgos de su propaganda, no se puede dar una respuesta adecuada al enemigo.