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A las 5:30pm del 19 de abril de 1961 cayó Playa Girón, el último punto ocupado por los mercenarios lanzados a la aventura de conquistar una porción del territorio cubano, tutelados por el gobierno de Estados Unidos.

La intención era instalar en la zona de la Ciénaga de Zapata un supuesto gobierno encabezado por antiguos politiqueros, que favorecería más tarde una intervención militar norteamericana en gran escala en el país.

Pero los planes de la CIA, el Pentágono y la Casa Blanca fracasaron estruendosamente. No tuvieron en cuenta la estirpe patriótica de este pueblo.

No previeron que jóvenes -casi adolescentes- darían muestras de hombría junto a sus piezas de artillería; que sencillos trabajadores dejarían por un tiempo sus fábricas, sembradíos y oficinas para ocupar un puesto en la avanzada, junto a combatientes más fogueados.

¿Claudicar?, ¡nunca!

En la madrugada del 17 de abril comenzó el desembarco de la Brigada mercenaria por la Ciénaga de Zapata, que había salido desde Puerto Cabezas en Nicaragua escoltada por unidades de la marina de guerra norteamericana.

Como una fuerza verdaderamente formidable la había calificado el coronel estadounidense que operaba como su jefe militar. Pero aquella Brigada armada hasta los dientes encontró inmediata riposta.

En apenas 72 horas fue liquidada la invasión, gracias a las milicias recién estrenadas, efectivos del Ejército Rebelde y la Policía, y osados pilotos de aviones maltrechos. Y en primera línea, Fidel, derrochando habilidad en la toma de decisiones.

Ese día, desmoralizados, los mercenarios se rindieron en masa. Girón sigue siendo lección y advertencia. A sangre y fuego se defendió la Patria. Así será siempre, sin vacilaciones.