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Historia de la Fotografía cubana. Breve preámbulo

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“El actor dirige un flujo de energía que hace vibrar los nexos que atan a cada espectador a su comunidad y que evocan  vivencias individuales, heridas, humillaciones, iluminaciones personales” Eugenio Barba

La fotografía en América Latina tiene una larga tradición. El francés Joseph-Nicephore Niepce fue quien consiguió fijar la primera imagen fotográfica en un soporte rígido. No sería hasta 1839 que su compatriota Louis Jacques Mandé Daguerre presentara a la sociedad parisina su invento: el Daguerrotipo.

Don Esteban Arteaga es el primer fotógrafo de origen cubano, y publica en el Diario de la Marina en 1844 la noticia de la apertura de su estudio en la calle Lamparilla. Aquellos tiempos inaugurales se caracterizaron por la tendencia hacia el retrato en estudio y más tarde se mantuvo activa la producción  de fotografías de paisajes.

A partir de 1860 se desarrolla la fotografía noticiosa o informativa realizada en la calle por fotógrafos ambulantes. Luego emerge la fotografía científica y la preeminencia del fotorreportaje dado por un suceso histórico: la Guerra de los Diez Años.

Hacia 1882, algunas fuentes aseveran que las “tarjetas fotográficas” eran los retratos de moda y que a partir de 1895 se hacen predominantes las fotos de carácter reporteril, debido al interés por registrar en imágenes la campaña de la Guerra de Independencia. De esta etapa se considera a José Gómez de la Carrera, fotógrafo que en 1893 había iniciado su labor como fotorreportero en la revista El Fígaro.

Pedro Pérez también hizo significativos aportes en esa revista. Sus imágenes evidencian la transición histórica de la Cuba colonial hacia una República que se vio frustrada por la intervención estadounidense.

El período que abarca desde principios de siglo hasta los años 30, está reflejado por autores de gran trascendencia como Generoso Funcasta, López Ortiz, Martínez Hilla, Ernesto Ocaña, entre otros. En esa etapa la imagen adquiere gran importancia a través de las diferentes publicaciones periódicas.

A mediados de 1939 se instituye el Club Fotográfico de Cuba, y en agosto del mismo año se celebra, en La Habana, el Primer Centenario de la Fotografía.

Por lo general los creadores adoptaron un estilo pictorialista, muy acorde con lo que estaba exponiéndose en el mundo fotográfico de vanguardia. De ellos requiere mención aparte Roberto Rodríguez Decall. Su caso se desmarca de la tradición pictorialista. Sus figuras se retratan como ofrecidas al placer o a la profesión, entregadas en un acto participativo y de disfrute, que enfatiza la idea sobre el cuerpo como documento de lo real.

En las décadas del sesenta y setenta se produce un gran cambio en la vida sociocultural del país. Como consecuencia del triunfo revolucionario en 1959 y de la posterior efervescencia político-social, la fotografía da un giro radical.

Se transita de la primacía de la imagen en estudio hacia la foto atrapada en la calle, en el instante ideal. La fotografía retorna entonces a sus cualidades originarias: irrefutable documento de lo real. Sobreviene un desplazamiento de la estética del Club Fotográfico de Cuba: se pasa de una estética de la congregación, el enfrentamiento de miradas y resultados formales, a una estética del impacto y la funcionalidad. Son los años del prodigio fotorreportaje.

La década del 90. Nuevas propuestas en el trabajo artístico

A partir de 1981 se produce para la fotografía artística un relajamiento del rigor temático. Emergen las propuestas de los discursos femeninos como el de Marta María Pérez como precursora y posterior modelo iconográfico, y aflora una prolífera apertura de sitios para exponer este tipo de trabajo.

En los noventa el esplendor del tema es desmedido: hay muchos hacedores y mucha obra. La experimentación heredada de la anterior década continúa sin reparos y la recreación de conceptos clásicos se hace cotidiana.

Lo cierto es que, a pesar de la mutación incesante, se manifiesta una manipulación consciente de la imagen, se valida el cuerpo como productor de sentido, se evidencia una mayor irreverencia del discurso, también los mensajes se aprecian más herméticos, los géneros se funden, por último la pluralidad de las miradas y sus diversas expresiones rematan en una personalización de la Fotografía Cubana Contemporánea. Por lo que actualmente la Fotografía en Cuba tiene un corpus definido.

Exponentes de la fotografía cubana

Liderados por Marta María y Juan Carlos Alom, aparecen nombres como los de René Peña, Cirenaica Moreira, Abigail González y Alberto Díaz Gutiérrez (Korda), quienes revolucionaron la fotografía.

El cuerpo en ese periodo adquirió otras connotaciones dentro de esa manifestación artística. Dejó de ser un texto que se agotaba en sí mismo y se convirtió en un pretexto para discursar sobre las relaciones culturales e ideológicas entre el individuo y la sociedad.

Juan Carlos Alom Jiménez es un excelente fotógrafo que llevó el cuerpo al máximo de sus consecuencias formales. Nació en la Habana, en diciembre de 1964.

El artista tuvo su primer éxito con la foto de una mujer que parece colgada a un vestido que la reclama desde arriba. Tomada en una vieja casona del Cerro,  se le conoce como Laura o el nuevo desnudo. Fue con ella que realizó sus primeros desnudos, y es con esa imagen que marcó un nuevo movimiento de la fotografía del desnudo en Cuba. Es una fotografía fetiche, porque misteriosamente no existe el negativo ni la muchacha, la misma murió en un accidente automovilístico en 1994.

Algunos críticos comentan que Alom con esa excelente fotografía pretendió y logró desnudar tanto el cuerpo como el alma en una poesía de lo íntimo y lo cotidiano. Más allá de la ternura que desborda esa especie de mujer-vestido, escondida de todos menos de sí misma, yace la intención rebelde de readecuar el universal desnudo al contexto habanero de finales de una década.

Desvístete despacio que vengo herida muestra, a partir de una gran variedad de lecturas, el erotismo y la sensualidad como matices fundamentales. El desnudo humano va perfilándose como metáfora de la vida, de la materialidad y de la espiritualidad del mundo. El deseo son las alas del cuerpo, es por eso que el erotismo es una de las manifestaciones del desnudo, quizá la más auténtica y la más compleja. Su interés no es mostrar lo exterior como algo humano, sino como elemento que refleja lo que está en el interior.

La aceptación de una correspondencia virtual entre la imagen fotográfica y la realidad a la que alude fue muy aprovechada por Alom, quien trabaja la fotografía no solo como objeto artístico, sino también como objeto social.

Otro fotógrafo destacado es Ramón Rosendo Pacheco Salazar. Nace el 30 de agosto de 1954 en Ranchuelo, Villa Clara. Se ha destacado como reportero gráfico del Consejo de las Artes Escénicas y del Periódico Girón de Matanzas.

Cuando se visualiza la obra de este fotógrafo notamos el término realidad como un concepto intrínsecamente vinculado al medio en cuestión. De hecho la fotografía tiende a ser confundida con un discurso sobre lo real.

La marginalidad como tema de reflexión será analizada en múltiples aristas, pero sobre todo en cuanto a lo social y lo síquico. Pacheco desde 1989- 1990 comenzó un macroensayo titulado Convivencias, incidiendo en zonas no legitimadas por el discurso fotográfico. Esa indagación en espacios poco fotogénicos rompe con la timidez y la reticencia que la fotografía cubana había conservado en torno a lo que no debe ser representado.

La estética de la pobreza, la fealdad, la desesperanza es recuperada como temática cultural presente en la cotidianeidad de muchos cubanos.

Los interiores vacíos son el prototipo de la precariedad: inestables instalaciones eléctricas, cocinas oscuras por el uso de carbón como combustible y sus enseres ennegrecidos, mesetas y paredes despintadas, horadadas con el paso del tiempo. Se muestra la providencialidad como regla, como orden en la sociedad cubana en la tendencia de sustituir lo desechable por el invento.

En las composiciones de Pacheco potencia la inmutabilidad de una existencia que transita a la mirada de sus dueños y habla por ellos. Sin recurrir a efectos dramáticos, el fotógrafo documenta la vida diaria de esos seres con el rigor y la ética de la que ha sido su escuela por años: el fotoperiodismo.

Su impronta influyó en las transformaciones estético-formales que bajo diferentes condicionantes propiciaron un cambio de actitud ante el hecho fotográfico y, por ende, de sus representaciones.

Alberto Díaz Gutiérrez (Korda), reconocido fotógrafo cubano, se acercó con sus creaciones al sector más humilde de la sociedad. El Triunfo de la Revolución, marca un cambio abismal en la proyección cultural y artística. Fue uno de los máximos exponentes de la llamada fotografía épica de la Revolución Cubana.

Entre sus imágenes de mayor connotación se podría mencionar El Quijote de la farola, tomada en la celebración del primer 26 de julio, Día de la Rebeldía Nacional, para la cual habían invitado a campesinos de todas las provincias. Uno de ellos se había subido a lo alto de una farola para presenciar el discurso fumando un cigarro, esto fue captado y traducido en un verdadero símbolo de la reivindicación del campesinado como uno de los puntales claves del nuevo momento histórico.

Otra foto digna de señalar es aquella en que se halla Fidel Castro en una montaña en el Alto de las Mercedes, vestido del emblemático verde olivo, con una mochila en la espalda y el fusil al hombro, mirando hacia la lejanía.

Pero sin dudas, la foto que inmortalizó definitivamente a Korda es aquella tomada el 5 de marzo de 1960 durante el acto del sepelio de las víctimas de la voladura del vapor La Coubre. Fidel hablaba y el Che permanecía en segunda fila, pero se asomó para observar atentamente el cortejo fúnebre. Fue en ese instante en que Korda, sorprendido por la expresividad de su mirada, tomó la foto,  la cual ha devenido uno de los símbolos distintivos de la cultura política en la época contemporánea.

Con Alberto Korda y otros fotógrafos de la Revolución como Raúl Corrales y Osvaldo Salas, se abrió un nuevo periodo para la fotografía cubana, a la cual dotaron de un trasfondo histórico que fue más allá de la simple ilustración noticiosa.

 

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Sobre el Autor

3 comentarios

  1. Muy acertada su opinión sobre el trabajo. Es verdad que el documento artículo no profundiza en todos los fotógrafos claves de nuestra historia como Osvaldo Salas, Félix Arencibia, Pepe Agraz, por solo mencionar algunos. Sin duda, Historia de la Fotografía cubana. Breve preámbulo requiere de un análisis más detallado que el expuesto en esta aproximación, pero a manera de esbozo traté de presentar brevemente la evolución y el desarrollo de esa manifestación artística desde sus inicios hasta el siglo XX. Muchos son los fotográfos que han contribuido con nuestra cultura, más adelante trataré de hacer un trabajo que profundice más sobre otros autores de igual significación.

  2. Raúl Menchaca el

    Interesante y documento artículo, aunque me parece que hay omisiones en la historia fotográfica más reciente de Cuba

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