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Ceres, el cuerpo menor del sistema solar, es un planeta enano y el objeto astronómico más grande del cinturón de asteroides, región del sistema solar que se encuentra entre las órbitas de Marte y Júpiter. Fue el primer asteroide descubierto, el 1 de enero de 1801, por el astrónomo y sacerdote Giuseppe Piazzi desde el Observatorio Astronómico de Palermo, en Italia. Originalmente fue considerado un planeta, pero se catalogó como asteroide en la década de 1850 cuando se empezaron a descubrir otros objetos en órbitas similares. A comienzos del siglo XXI, tras la redefinición de “planeta”, fue reclasificado en planeta enano, siendo además el único completamente dentro de la órbita de Neptuno. Su diámetro de aproximadamente 945 kilómetros lo convierte en el 33 objeto conocido más grande del sistema solar. Se estima que su masa es un tercio de la masa total del cinturón de asteroides, siendo el único objeto de dicho cinturón que ha alcanzado el equilibrio hidrostático.

Visto desde la Tierra, su magnitud aparente oscila entre 6.7 y 9.3; por lo tanto, es demasiado débil para ser observado a simple vista excepto en las oposiciones más favorables y bajo cielos muy oscuros. Como resultado, las características de su superficie son apenas visibles incluso con los telescopios más potentes, y poco se sabía sobre él hasta que la sonda robótica Dawn, de la NASA, se acercó a Ceres para su misión orbital en 2015.

Dawn descubrió que la superficie está compuesta por una mezcla de hielo de agua y diversos minerales hidratados como carbonatos y arcillas. Los datos de gravedad sugieren que el interior de Ceres podría estar diferenciado en un núcleo rocoso y un manto de hielo, y existir un océano bajo la capa de hielo. Aunque es probable que Ceres carezca de un océano interno de agua líquida, las salmueras todavía fluyen a través del manto exterior y llegan a la superficie, lo que permite que criovolcanes como el Ahuna Mons se formen aproximadamente cada cincuenta millones de años. Eso convierte a Ceres en el cuerpo criovolcánico conocido más cercano al Sol, y las salmueras proporcionan un hábitat potencial para la vida microbiana.

En enero de 2014 se detectaron emisiones de vapor de agua de varias regiones de Ceres, creando una atmósfera tenue y transitoria conocida como exosfera, un hecho imprevisto en los grandes objetos del cinturón de asteroides y sello distintivo de los cometas.

En los años transcurridos entre la aceptación del heliocentrismo en el siglo XVIII y el descubrimiento de Neptuno en 1846, varios astrónomos argumentaron que las leyes matemáticas predecían la existencia de un planeta oculto o desaparecido entre las órbitas de Marte y Júpiter. En 1596, el astrónomo teórico Johannes Kepler creía que las proporciones entre las órbitas planetarias se ajustarían al “diseño de Dios” sólo con la adición de dos planetas: uno entre Júpiter y Marte, y otro entre Venus y Mercurio.

Otros teóricos, como Immanuel Kant, se preguntaron si la brecha había sido creada por la gravedad de Júpiter; en 1761, el astrónomo y matemático Johann Heinrich Lambert cuestionó: ¿Y quién sabe si ya faltan planetas que se separaron del vasto espacio entre Marte y Júpiter? ¿Se aplica entonces tanto a los cuerpos celestes como a la Tierra que los más fuertes irritan a los más débiles y que Júpiter y Saturno están destinados a saquearlos para siempre?

En 1772, el astrónomo alemán Johann Elert Bode, citando a Johann Daniel Titius, publicó una fórmula más tarde conocida como la ley de Titius-Bode que parecía predecir las órbitas de los planetas conocidos, pero por una brecha inexplicable entre Marte y Júpiter. Esa fórmula predijo que debería haber otro planeta con un radio orbital cercano a 2.8 Unidades Astronómicas (distancia entre la Tierra y el Sol) —420 millones de kilómetros— del Sol. El descubrimiento por William Herschel de Urano en 1781, cerca de la distancia predicha para un planeta más allá de Saturno, incrementó la creencia en la ley de Titius-Bode. En el congreso astronómico que tuvo lugar en la ciudad alemana de Gotha en 1796, el francés Joseph Lalande recomendó su búsqueda. Entre cinco grupos de astrónomos se repartieron el zodiaco en la búsqueda del quinto planeta y, en 1800, veinticuatro astrónomos expertos encabezados por Franz Xaver von Zach, editor de la revista astronómica alemana “Correspondencia mensual” y a quienes se les apodó la “policía celeste”, combinaron sus esfuerzos y comenzaron una búsqueda metódica del planeta propuesto. Si bien no encontraron a Ceres, sí que descubrieron Palas, Juno y Vesta.

Uno de los astrónomos seleccionados para la búsqueda fue el sacerdote católico Giuseppe Piazzi del Observatorio Astronómico de Palermo. Antes de recibir su invitación para unirse al grupo de observación, Piazzi descubrió Ceres el 1 de enero de 1801 mientras buscaba “la [estrella] 87 A del Catálogo de las estrellas zodiacales del Sr. Lacaille”, pero descubrió que “estaba precedida por otra”. En lugar de una estrella, Piazzi había encontrado un objeto parecido a una estrella en movimiento, que primero pensó que se trataba de un cometa. Piazzi observó a Ceres veinticuatro veces, siendo el último avistamiento el 11 de febrero de 1801, cuando una enfermedad interrumpió su trabajo. Anunció su descubrimiento el 23 de enero mediante correspondencia a sus compañeros astrónomos, su compatriota Barnaba Oriani de Milán, Bode en Berlín y von Zach. Lo reportó como un cometa, pero “dado que su movimiento es tan lento y bastante uniforme, se me ha ocurrido varias veces que podría ser algo mejor que un cometa”. En abril, Piazzi envió sus observaciones completas a Oriani, Bode y al astrónomo francés Joseph Lalande. La información fue publicada en la edición de septiembre de ese mismo año de la Monatliche Correspondenz.

En ese momento, la posición aparente de Ceres había cambiado —principalmente debido al movimiento de la Tierra alrededor del Sol—, y estaba demasiado cerca del resplandor del Sol para que otros astrónomos confirmaran las observaciones de Piazzi. Hacia final de año, Ceres debería haber sido visible de nuevo, pero después de tanto tiempo, era difícil predecir su posición exacta. Para relocalizar a Ceres, el matemático Carl Friedrich Gauss, que por aquel entonces tenía veinticuatro años, desarrolló un eficiente método de determinación de órbitas. Predijo el camino de Ceres en pocas semanas y envió sus resultados a von Zach. El 31 de diciembre, von Zach y su compañero Heinrich Wilhelm Olbers encontraron a Ceres cerca de la posición predicha y continuaron registrando su posición. A 2.8 Unidades Astronómicas del Sol, Ceres parecía ajustarse a la ley de Titius-Bode casi perfectamente; cuando Neptuno fue descubierto en 1846, ocho Unidades Astronómicas más cerca de lo previsto, la mayoría de los astrónomos concluyeron que la ley era mera coincidencia.

Los primeros observadores fueron capaces de calcular el tamaño de Ceres sólo dentro de un orden de magnitud. Herschel subestimó su diámetro en 260 kilómetros en 1802; en 1811, el astrónomo alemán Johann Hieronymus Schröter lo sobreestimó en 2613 kilómetros. En la década de 1970, la fotometría infrarroja permitió mediciones más precias de su albedo, y se determinó que el diámetro de Ceres estaba dentro del 10 % de su valor real de 939 kilómetros.

En 1801, varios meses después del descubrimiento del “planeta enano”, el conocido filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel publicó su tesis de habilitación De orbitis planetarum, en la que describía que el sistema solar sólo podía tener siete planetas, lo cual contradecía la existencia de Ceres.

En septiembre de 2007, la NASA lanzó la sonda Dawn para visitar Ceres y el asteroide Vesta. Entró en la órbita de Vesta en julio de 2011, y lo observó durante poco más de un año. En septiembre de 2012, la sonda abandonó Vesta y tras un viaje de tres años, en marzo de 2015, llegó a Ceres, convirtiéndose así en la primera misión de exploración a un planeta enano, por delante de la misión New Horizons a Plutón. La información proporcionada por la sonda situó «Piazzi» en las proximidades del cráter Dantu, permitiendo observar otros accidentes de la superficie de Ceres como la montaña Ahuna Mons.

En 2015 se anunció el proyecto Ceres Polar Lander, vinculado a la NASA. Por su parte la Administración Espacial Nacional China tiene entre sus proyectos el lanzamiento de una sonda a Ceres con la intención de recoger muestras, pero la misión se previó para la década de 2020.

Referencias