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Por Marilys Suárez Moreno

Estamos en el año del Centenario de Fidel, sabemos de su obra y legado, pero no lo suficiente y quizás recordemos o conozcamos menos de sus andanzas de guerrillero, tras el desembarco del Granma por Las Coloradas, en la costa sur oriental del país. A Fidel nunca le abandonó la fe y el coraje para seguir adelante en pos de la victoria definitiva.

Ni su pesar por el revés de Alegría de Pio lo derrumbó.

Apenas dos semanas después, al reencontrares con Raúl en Cinco Palmas y preguntarle cuántos fusiles traía, exclamaba: cinco y dos que tengo yo, siete. Ahora sí ganamos la guerra!

Tras el combate de La Plata, en enero de 1957, que dio fe de vida a los alzados en la Sierra, la columna dirigida por Fidel fijó la Comandancia en La Plata.

Entre combate y combate

La presencia guerrillera en la Sierra se hizo cada vez más fuerte. Un nuevo combate, el del Uvero, en mayo de 1958 acabó en victoria y fijó la mayoría de edad para los combatientes rebeldes.

Los campesinos serranos se identificaban cada vez más con Fidel y los barbudos, y nuevos combatientes se fueron enrolando al Ejército Rebelde.

tanto, los compañeros del Movimiento en Santiago y otras provincias orientales se mostraban cada vez más activos en el apoyo a los guerrilleros liderados por Fidel. Celia, Vilma y Frank, detrás de la red clandestina en Santiago y Manzanillo, a la cabeza.

Jornadas de hambre y sed rendían los cuerpos de los rebeldes, pero no el ánimo, alto en cada victoria. Y así, entre combates y escaramuzas, se fue afianzando el liderazgo del invicto Comandante.

Ofensiva final

La dictadura batistiana, consciente de la fuerza que iba ganando el Ejército Rebelde capitaneado por Fidel, lanzó en el verano de 1958 su gran ofensiva con despliegue de más de 10 mil soldados y equipos.

La contraofensiva guerrillera no se quedó atrás y ripostó. La táctica y estrategias acertadas de Fidel se echaron a ver en los combates de Santo Domingo, El Jigüe y Las Mercedes, entre otros, liquidando la ofensiva enemiga para finales de ese año 1958.

No hubo retroceso Camilo y el Che en el centro del país hacieron lo suyo, librando la batalla definitiva contra la tiranía, con la toma de Santa Clara por el Che.

Fidel había ganado la guerra, como predijo. Otros escenarios, quizás más difíciles que el de la Sierra, lo esperaban.