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La Habana, Cuba. – El respaldo a Venezuela y Cuba ratificado por los presidentes de Rusia y China, Vladimir Putin y Xi Jinping, respectivamente, constituye la respuesta a las amenazas de Estados Unidos esperada de parte de los líderes de las dos naciones emergentes que están marcando una alternativa a la unipolaridad.

Precisamente, el sucio afán de reconquista de Donald Trump sobre América Latina y el Caribe tiene en su base la preocupación por expulsar a Moscú y Beijing del hemisferio, de modo de retomar el espacio que ambos se han ganado mediante relaciones de cooperación muy distantes de la expoliación y, en general, de los nexos de ordeno y mando que la administración estadounidense aspira a imponer sobre la región.

Así está expuesto en la nueva doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos con su Corolario: el engendro ilegal e inmoral ideado por Trump para actualizar la Doctrina Monroe.

Defensa de la multipolaridad

Pero la trascendencia del diálogo sostenido por Putin y Xi Jinping excede sus posiciones con respecto a la agredida Venezuela, y las presiones y amenazas de distinto calibre de Washington contra Cuba e Irán, sin contar otras naciones que también están en sus “radares”, como México y Colombia.

Ambos dirigentes han declarado que mantendrán los niveles de cooperaición con la Isla y la nación bolivariana.

Sin embargo, la importancia del encuentro virtual de ambos radica en el momento de redefiniciones geoestratégicas que vive el planeta, con las normas de convivencia burladas por la Casa Blanca y convertidas en letra muerta.

En ese contexto, el compromiso de Rusia y China de profundizar su alianza estratégica, y de mantener el liderazgo en los BRICS y la Organización de Cooperación de Shangái, expresa la voluntad de seguir el tránsito hacia la multipolaridad que Trump quiere detener.