Compartir

La Habana, Cuba. – Aunque con distinta gravedad, sindicatos y otras organizaciones denuncian una misma situación en tres naciones latinoamericanas.

No debe extrañar que el motivo de sus quejas sea el mismo. Las reformas laborales, anunciadas cada una con sus características en Argentina, Ecuador y Honduras, están ligadas al neoliberalismo aplicado —o por aplicarse— en cada una de esas naciones.

Hablamos de un modelo que retorna a Latinoamérica de la mano de gobiernos de derecha recién electos, pese al mal recuerdo que la práctica neoliberal dejó en la región en los años de 1980 y 1990.

Entonces, la soga anudada al cuello de las capas desposeídas y, en algunos casos, de una clase media que se empobreció, dio lugar a la búsqueda de una salida que pareciera cercenada por la emergencia de ejecutivos derechistas y neoliberales que navegan en reversa de los cambios alcanzados.

Pagan los de abajo

La privatización de empresas públicas, los recortes sociales y, en general, la reducción del Estado, están en el ABC de un modelo que deja todo a merced del mercado.

Y lo visto hasta ahora es que profundiza las brechas sociales. Pese a los decenios transcurridos desde el inicio de su aplicación, aún no se ha demostrado que esa total liberalización sin apenas participación estatal que preconiza el neoliberalismo, genere beneficios para todos.

Retornan las reformas contra las que se movilizan los sindicatos en Argentina, donde cada vez con más fuerza asoma la desestabilización social.

Similares propósitos de recortar la seguridad de los trabajadores y su empleo para favorecer al empresariado, sin intervención alguna estatal que apoye a los desvalidos, son cuestionados en Ecuador y Honduras y anuncian, a la larga, otra etapa de movilizaciones en buena parte de Latinoamérica.