La Habana, Cuba. – Cualquiera pudiera ver cómo una contradicción la Marcha Antifascista que hace dos días estremeció Buenos Aires, justo cuando el ejecutivo de Javier Milei daba a conocer la firma de un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos que, supuestamente, abriría las puertas del mercado de ese país a los ganaderos argentinos.
Sus bondades se sumarían al salvataje de 20 mil millones de dólares que Donald Trump concedió a Argentina para salvar sus reservas y facilitar el triunfo de La Libertad Avanza en las últimas legislativas.
Pero, según expertos, ni el convenio comercial entre Buenos Aires y Washington resulta tan conveniente para la nación conosureña, ni bastaría para compensar lo que los manifestantes denunciaron como una política cotidiana de deshumanización provocada por los recortes sociales, pese a lo cual Washington tendrá que darle otro empréstito; ahora, para que pueda pagarle al FMI.
Dando y dando
Pero las inconformidades en muchos argentinos pueden no estar dadas solo por nexos diplomáticos y comerciales con Estados Unidos, que emulan la relación carnal de la que se jactó en su momento el expresidente Carlos Saúl Ménem.
De la profundización de esos lazos en el plano militar darán cuenta en algunas semanas los que se anuncian como los «mayores ejercicios conjuntos de la historia» argentina. Marines, boinas verdes y miembros de tropas especiales de la Fuerza Aérea de Estados Unidos llegarán a Argentina en abril para realizar acciones denominadas «de contraterrorismo», según ha trascendido de medios alternativos.
La maniobra se denominará Daga Atlántica, y aunque fue pensada desde antes, debe incluirse en el nuevo despliegue bélico del Pentágono en el hemisferio, y su reverdecido interés por dominarlo.
Se sabía, y los hechos lo confirman: en Argentina los afanes hegemónicos de Donald Trump tienen otro aliado.