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La Habana, Cuba. – Mientras nuevas guerras estremecen al mundo y persisten medidas punitivas que castigan a inocentes en buena parte de las naciones del Sur, la vocación solidaria y de buena vecindad de México, en este caso puesta en práctica hacia Cuba, aflora entre decenas de titulares aciagos como un rayo de esperanza acerca de ese mundo mejor que se avizoraba al alcance de la mano, y ahora pareciera lejos.

Lo que más impacta no son las mil toneladas de alimentos que el gobierno de la Cuarta Transformación envía a la Isla como ayuda humanitaria para paliar el recrudecido cerco imperial, y que se suman a las 800 recibidas en la Mayor de las Antillas hace dos semanas.

Lo más importante es el gesto altruista de la nación mexicana en medio de un planeta que semeja un caos, extiende su mano solidaria, en una actitud que ha llegado a movilizar a muchos de sus pobladores en respaldo a Cuba.

Un ejemplo

El gesto de ayuda de México, aunque intrínseco a su tradicional política exterior, también resulta consecuente con un modelo integracionista forjado en las décadas recientes en Latinoamérica, que ahora va en declive.

La irrupción de gobiernos de ultraderecha en la región navega a favor del desmontaje del progresismo y de los avances conseguidos en materia de mayor soberanía y unidad.

Acciones inéditas de colaboración mostraron antes que las posiciones conjuntas no solo debían y podían mantenerse en la arena política, y propiciaron que más países hablaran con una sola voz. Los lazos también fueron ejemplares en lo económico, con vínculos de colaboración que tuvieron fuerte impacto en lo social.

En medio del egoísmo que la restauración conservadora aspira a imponer, otra vez, en una abierta ola neoliberal, la actuación de México es un ejemplo de humanidad.