Compartir

En intensas jornadas se aseguraron recursos y se remozaron escuelas para el recién estrenado curso escolar en Cuba, donde tanto en las ciudades como en las zonas rurales se juntaron muchas manos.

Con toda certeza esto fue apenas el preámbulo, cuando exigen más las complejidades económico-sociales, y las adecuaciones al proceso docente educativo, a tono con la realidad de cada territorio.

Y así lo confirma el interés en muchas familias por cooperar, tras conocer de las necesidades de la escuela durante las reuniones de padres, la rectificación de matrícula, y el acto de inicio del nuevo calendario.

Un abuelo, en Las Tunas, decidió donar una lámpara porque vio poca iluminación en el aula del nieto de 9no grado, y de su etapa laboral como educador recordó el apoyo de la familia, a partir de dignósticos técnicos de cuánto se podía reparar en el centro.

La asistencia y el aprendizaje escolar

A las madres combatientes por la Educación hizo referencia la Ministra del ramo, la doctora Naima Trujillo, en su recorrido por la provincias, donde recordó el apoyo de ese movimiento hace décadas a la escuela.

Similar ayuda sería de utilidad en la actual coyuntura, para favorecer la asistencia y mayor aprendizaje de los niños y adolescentes, a quienes se aportaría, por ejemplo, una prenda de uniforme o su arreglo, y alguna otra colaboración en el propio hogar.

Iniciativas a nivel de consejos de escuelas, o de la familia, podrían reforzar la indicación del sector educacional de atender situaciones de vulnerabilidad, mediante asignación de calzado, mochilas u otros recursos.

El éxito de la Educación Familiar está en requisitos como los de respetar opiniones, escuchar, ofrecer ayuda, valorar sus acciones positivas, y compartir preocupaciones y experiencias.