La Habana, Cuba.- Tres días bastaron para corroborar la falta de… madera de Abelardo de la Espriella como Presidente.
Su ineficaz manejo de la crisis creada por el terremoto que golpeó Colombia solo tres jornadas después de asumir, lo han mostrado como un hombre escaso de humanismo que prioriza su servil política exterior antes que el bienestar del pueblo.
Por ello se entiende que su principal carencia es la del sentido común. Cuando aún podía entendérsele choqueado, el mandatario tuvo la desfachatez de presentarse en una rueda de prensa sonriente, lo que hizo mella en el pecho de quienes sufrían.
Después se dio el lujo jactancioso de ideologizar el recibimiento de ayuda: prohibió la entrada de los reconocidos rescatistas que envió México (seguro “teme” que la presidenta Claudia Sheinbaum sea una mandataria “comunista”), y, sin embargo, aceptó a los de El Salvador, que se asegura no cuentan con la calificación necesaria.
Ayuda restringida
Solo Israel y Ecuador, además de Estados Unidos, han podido ayudar a las víctimas del Chocó, donde tuvo epicentro el sismo. Pero lo malo no es la selectividad, sino que las brigadas de salvamento no alcanzan; o que quisieran cerrarle las labores de búsqueda a los cinco días.
En Venezuela se rescataron personas con vida incluso ocho días después del siniestro. Hay videos en los que vecinos de comunidades que se han movilizado para aportar en el salvamento, lloran de rabia y pena porque se ha ordenado detener las labores cuando todavía, denuncian, hay voces que piden socorro bajo los escombros.
Pero esta actuación del nuevo gobierno colombiano no debiera sorprender, pues se corresponde con la decisión que adoptó en medio de la calamidad: restableció relaciones con Israel y declaró que pondría la embajada de Colombia en Jerusalén.
Con eso, De la Espriella ya presentó sus cartas credenciales.