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Paita es una ciudad peruana, capital del distrito y de la provincia homónimos en el departamento de Piura. Está ubicada a orillas del océano Pacífico a 57 kilómetros de la ciudad de Piura. Posee el segundo puerto más importante del país después del Callao y es la 19 ciudad más poblada del país. Debido a su situación geográfica posee un clima cálido y húmedo durante todo el año y su temperatura promedia anual es de 25 grados Celsius.

La ciudad fue fundada el 30 de abril de 1532 con el nombre de San Francisco de Paita de la Buena Esperanza por el conquistador Francisco Pizarro. Conserva el estilo colonial en sus viejas casonas e iglesias. El turismo es un importante sector de su economía.

La palabra Paita, antiguamente escrita con «y» (Payta), proviene del vocablo quechua tayta, que significa «padre», «amo» o «señor». Los españoles tildaron a esa localidad como «La silla del Diablo», porque consideraban una blasfemia las creencias religiosas de sus habitantes, las cuales impusieron a los incas en Colán, Paita y Amotape; ignorando que el tayta Huiracocha que era para los incas el supremo Dios Creador, equivalente para algunos al Dios cristiano. Se puede decodificar también el nombre de Paita en una compatibilidad Léxica con dialectos del norte sudamericano como Paititi que en las lenguas locales representan lo que es un acantilado o zona accidentada de altura. También existían en esa región en tiempos prehispánicos las capullanas, mujeres de alto poder espiritual que vestían trajes negros parecidos al capuz español, cuyo santuario fue sometido por los españoles para edificar sobre ese mismo lugar la iglesia de San Lucas, una de las más antiguas en América del Sur.

Ese nombre también es atribuido al místico cerro Azul, en donde los viajeros y pobladores de Colán aseguraban ser testigos de constantes «luces misteriosas» o «señales divinas» llamadas «encantos del cerro Azul de Paita», que los habitantes de las caletas de La Islilla y La Tortuga continúan observando actualmente y son relacionados con extrañas desapariciones de personas.

El paleontólogo Edgar Herning recolectó vestigios en 1978 considerando a ese grupo cultural muy evolucionado, informando que desde hace 9000 años ya existían los pueblos primitivos de la Costa como Colán, Tayta y Amotape. El nombre Payta, representa a una nación ancestral que existió también en la época preinca; en la época colonial llevó el nombre de su líder o cacique, hasta su último dueño y gobernante que fue el cacique José de Payta. El obispo de Trujillo Martínez de Compañón en 1783 demuestra que los incas de Payta tenían su propio idioma, y nos alcanza palabras castellanas que se traducían: Shi (sol), Sha (luna), Ni (mar).

En uno de los primeros días del mes de enero de 1532, la expedición aventurera de Francisco Pizarro en tres bajeles con 183 hombres y 26 caballos, salió de Panamá haciendo el viaje lleno de dificultades de todo género que pusieron en peligro la expedición, arribando a la playa de Tumbes, pueblo de indígenas, de alguna importancia, a una legua hacia el interior. No fueron acogidos los españoles como en su primer viaje de exploración en 1528, teniendo algunas escaramuzas con los naturales, sin consecuencias emprendieron la expedición conquistadora la marcha hacia el Sur por la ribera del mar, o sus cercanías, a fin de estar siempre a la vista y en contacto con las naves que seguían el mismo rumbo Sur, las que tenían como comandante al piloto Bartolomé Ruiz.

La gente de Pizarro arribó al fin a un lugar que los indígenas llamaban, Tambo de Amotape, en la margen derecha del río, siguiendo corriente arriba, llegaron a un lugar en donde encontraron a una tribu indígena cuyo jefe de calidad noble se llamaba “La Chira” por lo que los españoles entendieron que el río se llamaba así.

Siguiendo siempre por la misma orilla del río llegaron a un lugar que los naturales llamaban Tangarará. Pizarro acompañó su hueste en Tangarará para dar un descanso necesario a su gente y pensó fundar allí su primer asiento colonial, con el nombre de San Miguel de Tangarará. Al mismo tiempo mandó que sus buques siguieran explorando las costas al sur, hasta encontrar un lugar abrigado, seguro contra vientos y desbordes de fuertes oleajes.