Las Tunas, Cuba. – Al regreso de un entrenamiento para competencias nacionales, Rodolfo Mariño Osorio recibió la noticia del Crimen en Barbados, el 6 de octubre de 1976, sin entender que tenían que ver nuestros atletas con un atentado.
Conocieron la información antes que todo el país, y siguieron los acontecimientos, el discurso de Fidel, y la solicitud del servicio de entrenadores de oriente para el equipo Cuba de esgrima que quedó deprimido.
aquel año del fatídico hecho, Las Tunas emergía como provincia, con los campeones Carlos Leyva y Leonardo Mackenzie, además de Rodolfo Mariño en categoría escolar y Walmer Ávila que lo había sido, con quienes podían consolidar un equipo.
A 49 años del acto terrorista, el exatleta tunero Rodolfo Mariño testimonia sobre la trayectoria de los mártires de Barbados de su provincia.
Sueños truncos
En vísperas del viaje de Carlos Leyva González al campeonato en Venezuela fue el último encuentro de Rodolfo Mariño con el mártir, en el parque Vicente García de Las Tunas, donde admiró al muchachón fornido, de camisa entallada, mostrando sus potencialidades físicas.
Carlos le habló de los sueños por medallas olímpicas en Moscú, cuatro años después, pues en los atletas adolescentes la mayor ambición era vestir la camiseta de Cuba.
Rodolfo Mariño testimonió de la participación de Carlos Leyva en el Campeonato Nacional Juvenil, en La Habana, en febrero de 1976, cuando discutió el oro con Julio Aedo, el campeón vigente.
Tuve la dicha, el honor, el orgullo, la felicidad, de vitoriar y aplaudir a Leyva hasta lograr la medalla de oro -relató Rodolfo- y lo ví mostrar cualidades, valores y destreza en la esgrima, al coronarse campeón nacional juvenil.
Esgrimistas tuneros en la memoria
El hoy profesor de la Universidad de Las Tunas, Rodolfo Mariño, comenzó con 11 años a practicar esgrima en Las Tunas, con el entrenador Delio Pavón, el gran inspirador que abrió ese deporte en la provincia.
Poco tiempo después conoció a Leonardo Mackenzie en la EIDE «Capitán Orestes Acosta», de Santiago de Cuba, y más tarde a Carlos Leyva quien ya estaba en la preselección nacional juvenil, en La Habana.
Ambos compartieron los cuartos y las salas de entrenamiento en la escuela santiaguera, durante una corta estancia de Leyva, al que describió como un muchacho fuerte, inquieto y alegre.
Rodolfo Mariño también tuvo la vivencia, y conserva notas de prensa de fechas posteriores, cuando Leonardo Mackenzie se coronó Campeón en el torneo internacional Ramón Font In Memoriam, en categoría de mayores.