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La Habana, Cuba. – Según los cronistas españoles, jurakán era el dios de las tormentas para los aborígenes indocubanos y gracias al Padre Las Casas, redactor de la conocida Historia de las Indias, la palabra huracán transitó al español como denominador del más impresionante fenómeno meteorológico de los trópicos.

Comenta el profesor, Luis Enrique Ramos Guadalupe, miembro honorario de la Sociedad Meteorológica de Cuba, que en 1855, el cubano Andrés Poey, hijo del sabio naturalista, Felipe Poey Aloy, elaboró una cronología de huracanes, apreciada entre las más completas de su época.

Después, el padre jesuita, Benito Viñes, precisó las zonas de mayor peligro ciclónico por meses y estableció una regularidad mensual en las trayectorias de los ciclones.

Por entonces se hacía referencia a una estación de los ciclones.

Preparados y alertas

Señala el profesor, Luis Enrique Ramos Guadalupe, miembro honorario de la Sociedad Meteorológica de Cuba, que el término temporada ciclónica que actualmente se emplea en nuestro país comenzó a hacerse más conocido desde 1965, año en que se fundó el Instituto de Meteorología.

Hace unos años, la temporada ciclónica fue redefinida, extendiéndola desde el primero de junio hasta el 30 de noviembre, intervalo establecido a partir de los estudios de base estadística realizados dentro y fuera del país.

Importante subrayar que el mayor o menor número de ciclones formados en una temporada no tiene un significado concreto en términos de amenaza.

Más que considerar cifras, estar preparados y alertas es lo más importante. Eso es lo que nos enseña la meteorología en Cuba, temporada tras temporada.