
Por: Gardenia Companioni
Para contrarrestar los ataques de corsarios y piratas en los siglos XVI y XVII, fueron construidas pequeñas atalayas de vigilancia en puntos estratégicos de la costa.
Dichas torres abarcaban toda la bahía y el Malecón, y servían de enlace entre el castillo de la Punta y la fortaleza de la Chorrera, en la desembocadura del río Almendares.
Uno de esos baluartes es el Torreón de San Lázaro, construido en 1665 por el ingeniero militar Marcos Lucio, en el terreno que ocupaba la antigua leprosería de la ciudad.
Es una edificación tradicional de mampostería y cuerpo troncocónico, con la parte inferior fuertemente ataluzada, aspilleras en todo el perímetro, y almenas y pequeñas troneras en la azotea.
Estratégico punto de vigía
El Torreón de San Lázaro tiene la peculiaridad de no estar construida sobre una elevación, sino en una llanura cerca del mar.
Esa fortificación de planta circular y sus pequeñas dimensiones tuvo una gran importancia como vigía de la costa del Malecón, ya que avisaba del avistamiento de navíos enemigos y permitía organizar la defensa de la ciudad en caso de ataque.
El baluarte fue una de las primeras defensas en caer en manos de las tropas británicas durante la invasión de La Habana en 1762.
En la actualidad, el Torreón de San Lázaro sólo se puede admirar desde el exterior, y está integrado en el Monumento Antonio Maceo, ese ilustre militar de las Guerras de Independencia.