No es solo nacer
celac2La Habana, Cuba.- En fecha reciente, los cancilleres de Venezuela, Cuba y Chile, reunidos en la capital de este último país, definieron la agenda de trabajo para el presente año de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, CELAC, constituida en Venezuela apenas un mes antes.
Se trata de la troica formada por la nación que presidió el cónclave constitutivo; Chile, en calidad de actual presidente de la CELAC; y Cuba, que asumirá ese cargo en dos mil trece, cuando sea la sede de una nueva cumbre regional.
Como ya se ha dicho, uno de los valores claves de este nuevo conglomerado es la ausencia directa de los Estados Unidos y Canadá, países ajenos a la historia y a las urgencias y demandas de las naciones del Sur del hemisferio, sin olvidar que en el caso de Washington se trata del principal depredador de nuestra área.
Valores presentes
Ciertamente, para algunos analistas parecía inconcebible que un escenario tan diverso como lo es América Latina y el Caribe llegase a constituirse como comunidad, en torno a un programa que apunta a una profunda integración regional de orden multifacético.
Sin embargo, los dirigentes del área, independientemente de sus posiciones políticas, dieron en Caracas a inicios del último diciembre una prueba de madurez y sensatez, al establecer el sólido y necesario respeto a la diversidad como uno de los puntales sobre los que descansa la CELAC.
Cada nación es dueña de su destino y de establecer los caminos para su desarrollo, y el respeto a ese derecho soberano, y la prioridad del diálogo y del entendimiento, constituyen el cemento que fortalece el nuevo edificio regional.
Un acto de honor
Por demás, la llamada Declaración de Caracas, relativa a la constitución de la CELAC, subraya en sus apartados que los procesos de diálogo, intercambio y negociación política que se activen desde la CELAC deben realizarse tomando en cuenta el respeto al Derecho Internacional, la solución pacífica de controversias, y la prohibición del uso de la amenaza y de la fuerza.
Asimismo propugna el respeto a la autodeterminación, a la soberanía, y a la integridad territorial, además de la no injerencia en los asuntos internos de cada nación.
En pocas palabras, se trata de hacer realidad cotidiana la máxima del prócer mexicano Benito Juárez que sostiene que el respeto al derecho ajeno es la paz, y por tanto el sustento para poder avanzar juntos sin mayores obstáculos hacia un futuro mejor para todos.
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