Para no perder de vista
La Habana.- Lo sucedido en Libia esboza un futuro incierto en esa nación, pero no basta con hacer del pronóstico el objeto clave de los análisis.
Lo cierto es que las autoridades de Trípoli han sido desplazadas de la capital bajo los bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, que a la vez dieron cobertura total a los sectarios grupos rebeldes.
Ahora, para no pocos analistas, el centro del asunto radica en ver qué pasará. Y de hecho, el peso de las informaciones gira en torno a la potencialmente explosiva división interna de los grupos armados que están abocados al poder; sus compromisos con los grandes intereses de Occidente; el posible traslado a suelo libio del Africom, el comando gringo para África, ubicado en Alemania, y el festín de las empresas europeas y norteamericanas en la titulada “reconstrucción” del desolado país.
Lecciones en África del Norte
En todo el entramado de la agresión a Libia hay un sustrato que no puede quedar sepultado en el tiempo. Y es que pone en absoluta evidencia que para Washington y sus aliados todo resquicio, toda debilidad, todo error y todo instrumento, resultan válidos para imponer su voluntad al resto del planeta, no importa la época.
Víctimas no le faltan al imperio a lo largo y ancho del orbe. Mientras, los métodos agresivos se afinan y se perfeccionan.
De hecho vale observar que, si Yorch Doblevé Bush no dudó en lanzar tropas masivamente en Afganistán e Iraq, para la administración demócrata el asunto debe ser más encubierto, con visos “legales”, privilegiando “operaciones conjuntas” con sus aliados, y haciendo uso de grupos y agentes internos apoyados por todo el arsenal agresivo y mediático posible.
Siempre presente
Libia es el ejemplo inmediato de esta nueva hechura de actuación agresiva imperialista. Un entramado donde ha estado presente la sombrilla de una declaración anti Trípoli del Consejo de Seguridad de la ONU y su ulterior manejo a capricho por Occidente.
Trampolín al que se unieron los grupos de pretendidos rebeldes aupados por mercenarios, ex miembros de escuadrones de la muerte y grupos especiales de las fuerzas armadas de varias naciones árabes, Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos.
El cuadro interventor se completó además con un verdadero diluvio mediático que no solo acrecentó una negativa imagen de las autoridades de Trípoli, sino que llegó a las más fabricadas mentiras en escenarios artificiales y ajenos incluso a territorio libio. En fin, una receta destructiva que puede ser aplicada a otros muchos.
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