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Golpe a golpe

La Habana.- No les falta para nada la razón a aquellos que afirman que el imperio no cesa de golpear en su pretensión de imponerse al resto del planeta.

De manera que cuando se habla de hegemonismo no se trata de una ficción ni mucho menos. Ahí están, por ejemplo, los resultados de la reciente, cumbre del llamado Grupo de los Ocho, integrado por la crema y nata del capitalismo global.

Realizado en Duvíl, Francia,  el foro se convirtió en todo un muestrario de como las potencias imperialistas asumen la realidad de nuestro universo y dictan disposiciones y órdenes por encima de cualquier criterio o parecer ajenos.

Porque lo único que cuenta para cierta gente en estos tiempos es  su mera voluntad y no otra cosa, por lo que el criterio del resto del orbe es apenas papel mojado.

Sobre las brasas

De manera que en Duvíl, los poderosos del Grupo de los Ocho establecieron de antemano que, en el caso libio, donde los aviones de combate de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, masacran a la población civil, las actuales autoridades de Trípoli sobran y  nada tienen que ver con el devenir del país.

Así, el texto aprobado en Francia por los poderosos agresores dice textualmente que “Gadafi y el gobierno libio han perdido toda su legitimidad. No tienen ningún futuro en  una Libia democrática y libre, y deben irse".

Sin dudas un tono tajante, impositivo, intervencionista y arrogante. Mientras, en torno a Siria, contra la cual se intenta aplicar la misma receta que hoy se ejecuta sobre territorio libio, el club de los ricos demanda de Damasco abstenerse de controlar la desestabilización interna, o de lo contrario  “afrontar las consecuencias.”

La otra cara

Sin embargo, el tono del Grupo de los Ocho se hace plácido y aterciopelado cuando se llama a Tel Aviv a entenderse con los palestinos, que a su vez, quedan advertidos de frenar toda violencia contra un Estado sionista que les asfixia y masacra a diario.

Y por supuesto, no podía faltar un viejo plato en el menú global imperialista. Se trata del caso de Irán, al que se le advierte que “debe respetar las leyes internacionales”,  “establecer un clima democrático interno” y , por supuesto, frenar su programa para el uso pacífico del átomo.

Es, simplemente, la dictadura de un selecto grupo de ricos, que para nada asume las preocupaciones, necesidades y criterios de casi seis mil millones de personas que habitan esta casa azul que estiman solo propia.




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