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Un interesante panorama

La Habana.- Hoy es común escuchar hablar de sociedad civil y de movimientos sociales. Y sin dudas que tales conceptos, y mucho más su materialización en la práctica y su desarrollo en la vida, despiertan simpatías y por lo general reciben apoyo de muchas personas honestas.

Es tanta la urgencia y la aspiración de cambios en muchas partes del planeta, donde tiranías, regímenes retrógrados y fuerzas entreguistas han burlado las más caras aspiraciones de sus respectivas sociedades, que todo lo que huela a revuelta, a transformación, concita aplausos y simpatías.

Y todo eso es muy válido cuando en verdad tales movimientos y grupos actúan con verdadera limpieza, son obra legítima de las aspiraciones de las mayorías, y responden a sus verdaderos intereses de soberanía y progreso independiente.

Detrás de la mesa

Y en el sentido de lo que hablábamos en el minuto anterior, vale preguntarse quien se cuestiona el valor político y movilizador real de, digamos, los movimientos indígenas latinoamericanos, que en el caso de Bolivia, por ejemplo, fueron capaces de llevar a la presidencia a uno de sus hijos autóctonos y transformar en progreso un entorno nacional marcado por la explotación y la dependencia con respecto al exterior.

Quien puede negarle valores a las movilizaciones populares que en la vieja Europa defienden sus derechos frente a las políticas de recortes que intentan imponer sus gobiernos.

Quien puede negar el valor de la lucha callejera que en los Estados Unidos también se escenifica hoy con similares fines de redención social, laboral y humana.

Alerta

Pero ojo, porque la realidad es que el enemigo no descansa ni abandona iniciativas, y ya conocemos varios casos en que detrás de pretendidos grupos de oposición civil se esconden las manos y las apetencias de los peores enemigos de los pueblos.

Washington lo ha hecho y lo sigue haciendo. Es decir, fabricar grupos de titulada disidencia en el seno de países cuyas gobiernos no le son afines, para intentar hacer ver, mediante su tremenda maquinaria distorsionadora, que las pretendidas “masas” desean cambios y no están conformes con el orden vigente.

Así, por ejemplo, recientemente se supo en Venezuela que determinados segmentos opositores fueron creados por la Casa Blanca con el apoyo de saboteadores de la ex Yugoslavia, para manifestarse contra el gobierno bolivariano en una aparente “desobediencia social”.




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