Fuego desde siempre
La Habana.- Dueño de una elevada tecnología y con el virtual monopolio los principales medios informativos del mundo, el imperio ha hecho de la guerra mediática una vía sumamente importante en el logro de sus apetencias hegemónicas.
No es, por cierto, una nueva variante agresiva. De hecho la desinformación y la manipulación en torno a acontecimientos y a otras realidades políticas son parte desde hace mucho tiempo de los arsenales enemigos.
Recuérdense, solo por citar dos ejemplos, las diatribas de la Voz de las Américas contra la Revolución Cubana a apenas unos meses del triunfo del primero de enero de mil novecientos cincuenta y nueve, o las transmisiones subversivas de Radio Europa Libre dirigidas contra el extinto campo socialista y la también desaparecida Unión Soviética.
El mismo perro
Solo que hoy lo que caracteriza a las campañas mediáticas enemigas es la tremenda inmediatez y alcance de los medios tecnológicos que se utilizan en el universo informativo.
De manera que actualmente se transmiten por la televisión en tiempo real las invasiones militares norteamericanas a Afganistán e Iraq, o se miente al exterior desde un teléfono celular acerca de una exigua marcha de pretendidos oponentes a cualquier gobierno progresista.
Pero lo que sí se mantiene invariable en toda esta maraña, son los fines para los cuales se orquestan tales campañas, y que apuntan únicamente a favorecer los planes de control global de los círculos más reaccionarios de poder. Así de categórico, real y tremendamente objetivo
Las tramas
Y mientras los poderes mediáticos desbarran de los ajenos, detrás de los paños de pretendida “objetividad informativa” ocurren toda clase de indignidades y fariseísmos.
Así, mientras se habla de combate al terrorismo y se confeccionan listas de naciones que, se dice, son santuario de tales prácticas, se ampara a genocidas del talante de Luís Posada Carriles y Orlando Bosch.
O se amontona y dispara información sobre grupos opositores en Venezuela, pero no se habla de los millones gastados por entidades oficiales norteamericanas en la formación de una pretendida “sociedad civil” anti bolivariana.
O se magnifican acontecimientos como las protestas mesorientales cuando tienen como escenario países que Washington estima oponentes a destruir.
| Artículos relacionados |
|---|
|



