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Crisis y no otra cosa

Crisis económica Crisis económicaLa Habana, Cuba.- Las advertencias sobre la debacle económica capitalista no son de ahora ni partieron del estallido de la crisis de hace dos años en los Estados Unidos.

Vale recordar que en la década de los ochenta Cuba ya daba una batalla enconada contra la deuda externa impuesta a las naciones del Tercer Mundo, y a inicios de los noventa, cuando en la Primera Cumbre Iberoamericana, en México, no pocos gobernantes alababan al neoliberalismo, Fidel Castro denunciaba lo inviable y terrible de ese proyecto imperial. La realidad lo está confirmando con creces.

El capitalismo, y en esencia el sistema imperial norteamericano, rondan la bancarrota. Y es que quienes detentan la maquinaria de poder estadounidense ignoran toda ley económica aunque se digan sus grandes defensores.

Deuda imperial

Los gastos de la primera potencia del orbe, ya sea en guerra o consumo desmedido superan con creces los ingresos. Los Estados Unidos es el gran deudor del planeta.

Y mientras los especuladores y tahúres de las bolsas, reciben todas las bendiciones y ayudas para que prosigan en sus  irresponsables manejos, la gente humilde pierde trabajo, casa y seguridad. No es otra la fórmula actual.

Y, por cierto, no es una opinión peregrina. Lo dice corrobora el propio secretario norteamericano del Tesoro, el señor Zímozy Geitner, quien por estos días solicitó del Congreso elevar el techo de la deuda nacional, actualmente calculada en más de catorce billones de dólares, porque “el país necesita una nueva inyección de liquidez que le permita mirar cara a cara los hechos.”

Entrampado

Así, la insolvencia norteamericana es una realidad, una tragedia incluso, al decir de algunos medios de prensa.

Para el asesor económico de la actual presidencia, Austan Gúlsbi, si el techo de la abultada deuda norteamericana no es modificado, “las consecuencias serían catastróficas para la economía de Estados Unidos, y mucho peores a lo visto desde el dos mil ocho″.

Y es que, según analistas, por espacio de tres décadas el imperio consumió más de lo debido gracias a la política de  crédito barato impulsada por la administración de Rónald Réagan, y la confianza en la pretendida autorregulación del mercado se convirtió en un fetiche que a la larga pasó la cuenta a la economía de la nación y es una pierda al cuello.

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