Vuelta a las andadas
La Habana, Cuba.- Para nada son confiables los cantos de sirena, tan frecuentes por estos días en la prensa imperial, sobre una pretendida “recuperación” de la economía capitalista luego de la debacle de dos mil ocho en los Estados Unidos y su extensión al resto del orbe.
Las alarmas y hasta ciertas alusiones de presidentes y jefes de gobierno de las grandes potencias a la urgencia de un “cambio” en los cimientos del sistema, sencillamente se diluyeron en el tiempo.
El remedio fue más que complaciente, y consistió en poner las arcas públicas al servicio de los tahúres de las bolsas para sacarles del apuro y propiciarles repetir sus juegos y artimañas.
De ahí que hoy no resulte extraño que, por ejemplo, los precios de materias primas como el petróleo, se hayan disparado a cuenta de la especulación.
Raro capitalismo
Lo que hoy acontece en los mercados mundiales es una señal inequívoca de que preceptos económicos como la relación inversa oferta y demanda no existe para los señores de las finanzas.
Su plan es seguir asidos de rumores, acontecimientos geopolíticos o simples chismes y conjeturas, para imponer los valores de muchos rubros, entre ellos del petróleo.
Por ese camino, vale recordarlo, hace dos años el crudo tocó un máximo de casi ciento cincuenta dólares el barril en un incierto panorama que estalló en la crisis que se extiende hasta hoy.
Entonces las ganancias infladas tocaron fondo apresuradamente y los precios del petróleo descendieron en más de una tercera parte.
El mismo cuento
Lo preocupante es que aquella historia comienza a reproducirse con total similitud en nuestros días. Hoy, la demanda petrolera de grandes consumidores como los Estados Unidos huele a estancamiento.
La gente consume menos gasolina porque no hay con qué pagarla.
Las refinerías trabajan por debajo de sus capacidades porque no hay salida para sus producciones, y los almacenes se mantienen rebosantes de forma permanente como signo de que las cosas no andan nada bien.
Sin embargo, el crudo ha marcado en los últimos tiempos fuertes cotas en sus precios, algo que no tiene lógica si el analista se remite al estricto binomio oferta demanda, pero que se explica perfectamente cuando se pone la vista sobre la vuelta a una especulación sin control y sin la menor gota de responsabilidad.
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