Mirarse por dentro
La Habana.- La salud de la familia cubana preocupa a muchos; el tema está entre jóvenes y menos jóvenes que presencian realidades en la calle, las escuelas y los centros de trabajo, que coquetean con actitudes antisociales.
Palabras duras con gestos desagradables y personas vestidas o mejor dicho casi desvestidas en el aula, la oficina, el restaurante o el espectáculo público, son algunos de los lamentables ejemplos que minan peligrosamente la salud de la sociedad.
Todos sabemos de impuntualidades y gestiones personales en el momento en que se debía estar cumpliendo con el horario de trabajo o estudio; actitudes reprochables de las que muchas veces se mantiene al margen la familia, ese núcleo de nuestra vida en la que todos nos integramos sin diferencias de ideas políticas, creencias religiosas, color de la piel, nivel cultural y preferencias sexuales.
Perfeccionar la vida en sociedad para mejorar la economía
Por estos días en todo el país se debaten los Lineamientos Económicos y Sociales con vistas al próximo Congreso del Partido Comunista de Cuba.
Se trata de un llamado al auto análisis para trabajar más, optimizar el empleo de los recursos conque contamos y empezar -con mesura- a derribar un entramado de decisiones paternalistas que poco tienen que ver con el verdadero objetivo del socialismo.
Ese debate tiene como objetivo final el perfeccionamiento de nuestra sociedad y el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo; sin embargo, este mirarnos por dentro exige que en primerísimo orden cerremos la puerta de nuestra vivienda y revisemos como anda nuestro hogar porque es ahí donde comienzan a formarse los valores éticos que necesitamos afianzar para ser mejores en el entorno social.
La familia, la mayor fortuna
Desde tiempos de nuestras abuelas, ser pobre pero honrado era una máxima que no tenía discusión; que el respeto a los mayores se inculcaba desde la cuna; que el estudiante debía obtener buenas calificaciones porque era su deber y no porque esperara un premio; que a las mujeres se les respetaba porque “veníamos del vientre de una de ellas”, y que los escándalos, las borracheras y la indiferencia ante lo mal hecho, no eran cosa de hombres y mujeres de bien.
Por eso ahora que el mundo anda revuelto y hay quien habla hasta del fin de la historia, hace falta una mirada firme y amorosa, serena y rápida, autocrítica y a la vez humana de ese pequeño país que cada uno de nosotros posee hacia dentro de su vivienda donde está el nido de amor y reverencia del que cada hombre y mujer merece sentirse orgulloso, su mayor riqueza y motivo de empeño, LA FAMILIA.
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