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Avanzar creadoramente

La Habana.- A diez años de la firma por Fidel Castro y Hugo Chávez del Convenio Integral de Colaboración entre Cuba y Venezuela, aniversario celebrado recientemente en La Habana, puede afirmarse que resulta un gran saldo lo que ese empeño mancomunado puede mostrar en materia económica y social.

Lo ilustran con especial fuerza los índices de salud y educación logrados por la patria de Simón Bolívar gracias al apoyo de decenas de miles de especialistas cubanos.

 

Asimismo se unen a esa lista los proyectos de suma importancia que conjuntamente se realizan en Cuba en materia energética, industrial y constructiva, entre otros rubros, a partir de su integración con el hermano país sudamericano.

Sin embargo, no es solo en esos terrenos claves donde su busca, se experimenta y se trazan objetivos comunes.

Un rostro diferente

En la intervención pública de Hugo Chávez en La Habana con motivo del aniversario diez del convenio de cooperación con la Isla, se desatacaba el deber de ambas revoluciones, la Cubana y la Bolivariana, de impulsar la actualización de las ideas del socialismo, cada una a partir de sus propias características.

Y hay que decir que esa tarea, más que cronograma, representa una vital urgencia de orden cotidiano para los procesos que se empeñan en cambios radicales.

Y es que el socialismo verdadero demanda, precisamente, renovación constante, cambios necesarios, ligados al ritmo de la propia vida y de los escenarios nacional e internacional en que se desarrolla y en los que debe librar la batalla por los pueblos.

Lo que se desea

Hablamos entonces de un socialismo que implica la participación real del pueblo, de la inteligencia colectiva, esa que la propia revolución va formando día a día, y que tiene como primera e insoslayable tarea aportar y crear.

Se trata, por cierto, de algo bien alejado del encasillamiento silente en moldes, o la adopción mecánica de criterios y visiones particulares o de grupo.

Hablamos de un socialismo que, por ser de raíz colectiva, haga suyas las sanas inquietudes de todos, no necesariamente convergentes en materia táctica, y que fomente precisamente el debate, el intercambio y el análisis, como búsqueda efectiva de las mejores soluciones y los más eficaces pasos a seguir.

Un socialismo que, al decir de Ernesto Guevara, haga del hombre, del ciudadano, del individuo y sus potencialidades, su real y central objetivo.




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