Peligro y lucha
La Habana.- La paz constituye una urgencia para el hombre y su entorno, con más razón cuando el poder destructivo de muchas de las armas hoy desplegadas por todo el orbe, es capaz de no dejar el más mínimo rastro del universo que hoy conocemos.
Es esa la razón que con tanta insistencia mueve el líder cubano Fidel Castro a insistir en la necesidad de hacer desaparecer los arsenales nucleares y cuanto artefacto de muerte amenaza la existencia de cada ser humano y de su hábitat.
Ciertamente, se habla mucho de la destrucción del medio ambiente y de lo que ello puede acarrear para la especie humana, y se suelen citar con mucha insistencia factores sin dudas adversos como la destrucción de la capa de ozono, el calentamiento global, o la excesiva polución.
Sin embargo, es común que la guerra no se menciones en esa lista de dislates.
Para pensar
Al hablar de factores altamente nocivos para el mundo y la naturaleza podría uno preguntarse si acaso no son la guerra y sus secuelas parte de esa maquinaria de destrucción.
Si poseen o no los arsenales atómicos la suficiente potencia destructiva como para hacer volar el planeta por las cuatro esquinas en cuestión de horas.
En consecuencia, cuando hablemos de salvar el medio ambiente y las especies, entre ellas el hombre, resulta prioritario y sensato colocar los enfrentamientos armados, y especialmente la contingencia de una guerra nuclear, entre los primeros factores a conjurar si deseamos la preservación y continuidad de la vida en todas sus formas y manifestaciones.
Testigos evidentes
Los campos de batalla en las dos grandes conflagraciones mundiales se convirtieron en terrenos baldíos, muchas veces altamente contaminados.
El desarrollo de los proyectiles químicos, de la guerra bacteriológica y de las municiones atómicas tácticas, añadió y añade nuevos elementos fatales contra la existencia del ser humano y de las muchas otras especies que pueblan el mundo, amén de envenenar mares, ríos y buena parte de la atmósfera.
Y si esa obra maldita resultase en desatar las fuerzas almacenadas de un átomo puesto al servicio de la destrucción masiva, entonces no quedará nada que contar ni nadie para siquiera intentarlo.
Resulta entonces oportuna la exhortación de Fidel Castro a los pueblos del planeta para que demanden de sus estadistas todos los esfuerzos posibles de manera que esta, nuestra casa común no termine en llamas por los cuatro costados.
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