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El auto avanza veloz y la Autopista Nacional es una cinta monótona y refulgente castigada por un sol cenital. La kilométrica cerca de piedra de Jagüey Grande es una aburrida imagen que pasa acelerada y quita las ganas de viajar.
Pero cuando uno menos lo espera, hay que abandonar la larga autopista inconclusa y un suave giro a la izquierda, viniendo desde La Habana, hace dar casi de bruces con Santa Clara, capital de la provincia de Villa Clara, sede este año del acto central por el Veintiséis de Julio. Atrás han quedado casi 300 kilómetros y la ciudad, pulcra y tranquila, aparece para romper la monotonía del viaje y enseñar lo poco queda hoy de aquella villa fundada el 15 de julio de 1689. Dos inmensas banderas, la nacional y la del Veintiséis, dominan el paisaje santaclareño desde la Loma del Capíro.
Desde el punto más alto
Una brisa veraniega agita constantemente las dos banderas cuyo colorido rompe el tono verde de la Loma del Capíro, el sitio dominante de la urbe y símbolo para los villaclareños desde hace siglos pero que cobró nueva relevancia cuando, a fines del 58, el Che logró burlar a las tropas batistianas avanzando hacia la ciudad por el lomerío.
Por eso, en la elevación está emplazado, desde 1988, un monumento del escultor José Lázaro Bencomo, conocido como Delarra, quien representó la unión de distintas fuerzas revolucionarias en un grupo de fusiles unidos por un aro y apuntando al cielo desde una base de mármol.
La Loma del Capíro, que con unos 176 metros es el punto natural más alto de la ciudad, domina el paisaje santaclareño.
La impronta del Che
Santa Clara está íntima e indisolublemente ligada al Che, el mítico Comandante guerrillero cuya acción en esa ciudad marcó el triunfo definitivo de las armas del Ejército Rebelde encabezado por Fidel.
La dictadura había apostado todo al Tren Blindado, cuya misión era detener las fuerzas rebeldes en el centro del país, por lo que llegó a la capital villaclareña el 24 de diciembre del 58, con una enorme carga de pertrechos y armas, además de un elevado número de soldados y miembros del Cuerpo de Ingeniería del Ejército.
Cinco días después, la Columna Ocho Ciro Redondo, dirigida por el Che, descarriló y tomó el Tren Blindado, un golpe que partió el espinazo de la dictadura. El primero de enero del 59, se rindió el Regimiento Leoncio Vidal y quedó definitivamente liberada Santa Clara.
El recuerdo de la victoria
Justo en el sitio donde se descarriló el Tren Blindado en Santa Clara, el escultor Delarra concibió un nuevo conjunto memorial.
El Monumento está formado por cinco elementos escultóricos que representan las acciones realizadas por los rebeldes y tiene cuatro vagones originales y el buldócer utilizado para levantar la línea férrea.
Los vagones, ambientados tal y como eran en su interior, muestran fotografías de los acontecimientos, así como pertenencias de las fuerzas que participaron en la contienda y armas similares a las capturadas al enemigo.
Ese es un punto de la ciudad que los santaclareños cuidan con esmero, sabedores de que no hay hoy sin ayer y convencidos de que la presencia del Che, en aquellos días de sacrificios y balas, le dio una relevancia especial a esa urbe, que ahora vuelve a ganar la sede del 26.
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