La inmigración de animales
Hace unos tres millones de años, cesó el proceso de inmigración más grande ocurrido en América. No era de personas sino de animales. Los científicos denominan a ese período Intercambio Americano, que cesó luego de otro evento que abarcó al planeta entero, cuando los enormes tramos de tierra firme, separados entonces, se fusionaron y dejaron el mapa que hoy representa al mundo.
En aquel movimiento de tierras, apareció el Istmo de Panamá, que sirvió de puente para que las dos mitades de nuestra América se fundieran prendidas por el territorio centroamericano. Ya tenían por donde subir y bajar mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces y muy posiblemente, en alguna medida, de polizones, algunas semillas, animales menores como los parásitos y todo un ambiente vivo que dejó fósiles y plantó las estirpes actuales.
En otras latitudes
Intercambios similares al americano ocurrieron en otras latitudes. Animales de todo tipo que viven en este lado del mundo, tienen parientes en otras zonas del mundo, como llamas, vicuñas o alpacas que pueblan las cordilleras andinas y la zona patagónica del sur de América, son copia local de los camellos que deambulan por desiertos asiáticos y africanos. El naturalista inglés Alfred Russel Wallace, en el siglo Diecinueve, comprendió el concepto de selección natural, idea central de la teoría de la evolución de su compatriota Charles Darwin. Fue en la amazonía americana donde constató sus ideas evolutivas y publicó un artículo donde proponía la selección natural como el mecanismo explicativo de la transmutación de las especies. Tras leerlo, Darwin lo calificó como el mejor resumen imaginable de las ideas que él mismo llevaba gestando.
En el mar, efecto contrario
Mientras en la tierra la fauna y flora ampliaban sus horizontes, en el mar, la biodiversidad sufrió un efecto contrario. Denominado Gran Cisma Americano, la fauna del mar Caribe se vio aislada del ecosistema del Pacífico, provocando que ambas comunidades biológicas siguieran sendas evolutivas separadas y debieron subsistir privadas de sus antiguos nutrientes oceánicos. Estas son las razones por las que, en las islas caribeñas no existan animales feroces o insectos asesinos y sean un paraíso donde se puede dormir tranquilo en medio de la naturaleza. Pero son también las mismas causas de que las tortugas de las islas Galápagos llegaran un día lejano –asegura su ADN– del mismo centro de África. Los humanos estamos unidos por un nacimiento común, surgido ya se sabe de la propia tierra africana, al igual que los animales.
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