Un amor único
La Habana.- Ningún panorama parece suficientemente rosa para describir el regreso a casa después del parto. Sucede con la llegada del primer hijo, del segundo o del tercero, porque la gestación tiene para las madres y los padres el mismo encanto y la misma felicidad.
Cuando los movimientos fetales aparecen son como una certificación del embarazo. Hay asombro, miedo y perplejidad.
La mujer comienza a vincularse con la existencia de su hijo. A medida que los movimientos se intensifican es común oír: “me da patadas”, “se mueve mucho” y hasta establecer diálogos: “Hola, bebé, ¿cómo estás?” Aparece también la necesidad de cuidarse para cuidad a ese otro que ya se hace sentir con fuerza.
Un proceso singular
La historia de cada embarazo es un proceso único e intransferible. Sin embargo, cotejar vivencias, emociones, sensaciones, dudas, alivia ansiedades propias de ese momento irrepetible. La maternidad es un hecho social y las mamás necesitan compartirlo.
Una vez que nace, a las madres, en especial a las jóvenes, se les plantean problemas difíciles para resolver por sí mismas. Uno es cómo organizar el régimen de alimentación del bebe.
Si tiene leche suficiente y el hijo es sano, durante los primeros seis meses éste succionará lo que necesita para un periodo de tres horas y media. Pero si el bebe es de una constitución más débil, mama menos cantidad de leche, por lo cual hay que alimentarlo con mayor frecuencia.
Desde el primer día
Cuando nos estrenamos en la maternidad, sentimos las ansiedades y sustos que el desconocimiento de ciertas cuestiones nos provoca.
Algunas de ellas no se manifiestan hasta muchos años después, cuando quizás sea tarde, y solo nos resta decir: “en qué fallé”, o la concebida frase: “ya le enderezarán en la escuela”.
La educación del niño constituye una de las partes más importantes de su desarrollo, es la que lo prepara para la vida.
Esa preparación comienza desde la natural comunicación madre-hijo hasta el aprendizaje de las primeras habilidades. Y como principio, aceptar a nuestro hijo tal como es, sin renunciar a hacerlo mejor siempre que sea posible y sin escatimar muestras de amor y ternura, sea hembra o varón.
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