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El Granma, compromiso ante la historia

La Habana.-  La lluvia y el mar los acompañó buena parte del tiempo. Era domingo y los ochenta y dos hombres que se apiñaban en el pequeño yate, desbordaban confianza.

Desafiando todos los peligros y obstáculos, el Granma navegaba rumbo a Cuba. El veinticuatro de noviembre de mil novecientos cincuenta y seis, los hombres que conformaban la expedición convergieron en la pequeña ciudad de Tuxpan, donde se encontraba fondeado el Granma.

En Santiago de Cuba, Frank País, impuesto por un telegrama de la salida de los expedicionarios, decidió efectuar el levantamiento previsto para apoyar el desembarco de la expedición al quinto día de su partida, tiempo estimado para su llegada a Cuba.

El treinta de noviembre Santiago se alzó en rebeldía, pero el Granma no llegó, aún navegaba por el mar Caribe.

Hasta las coloradas

Contentos y entusiasmados los expedicionarios, cantaron el Himno Nacional y la Marcha del Veintiséis de Julio.

Fidel, con Juan Manuel Márquez y otros compañeros trazaron planes. Tenían un ineludible compromiso ante el pueblo y la historia: “Libres o mártires”, y una sola opción: la victoria.

Por la radio del yate los hombres del Granma escucharon la noticia de las acciones del treinta de noviembre, en apoyo a su desembarco. Desde Tuxpan hasta las Coloradas un objetivo los guiaba: liberar a Cuba. La víspera, Fidel les informó que desembarcarían próximo a Niquero y expuso la organización militar y la estrategia del contingente.

Como jefe de Estado Mayor estarían Juan Manuel Márquez y Faustino Pérez; en el pelotón de vanguardia, José Smith Comas; y en el centro y la retaguardia, Juan Almeida y Raúl Castro, todos bajo su comandancia.

El domingo en los grandes hechos

Estructurada la tropa, Fidel entregó las armas y los uniformes. Al amanecer del dos de diciembre de mil novecientos cincuenta y seis, empezó el desembarco por Las Coloradas.

Como escribió Almeida en su libro ¡Atención! ¡Recuento! con la salida de México para Cuba se materializaba la idea comenzada en el Moncada, detenida en el presidio, alimentada en el exilio y ahora puesta en práctica.

Tras una trabajosa marcha de dos kilómetros llegaron a tierra firme. Parece que sus vidas en los grandes hechos estuvieran signadas por el último día de la semana, recuerda Almeida “un domingo asaltamos el Moncada, un domingo también fue la salida del Presidio por la amnistía, el domingo pasado salimos de México y hoy domingo regresamos a Cuba”.

El rigor y la adversidad conformarían la recepción al naciente Ejército Rebelde.




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