El himno de la invasión
La Habana.- Fue el quince de noviembre de mil ochocientos noventa y cinco. Las tropas invasoras al mando del Lugarteniente general Antonio Maceo y Grajales acamparon en la finca La Matilde, en los llanos camagüeyanos, sitio que con anterioridad estuvo ocupado por una columna española.
En una ventana, sin embargo, se podían leer unos bellos versos. Con su extraordinaria sensibilidad, el entonces comandante Enrique Loynaz del Castillo valoró aquellas estrofas y no permitió que las borraran.
Entonces, en la otra hoja de la ventana, dibujo nuestra enseña patria y escribió otros vibrantes versos que dedico al Titán de Bronce, el jefe de la tropa invasora.
Un canto de guerra en la Matilde
En cinco jornadas por el sur de Camagüey, la columna invasora llegó al potrero de La Matilde, propiedad que fue del doctor Simoni, padre de Amelia, la esposa del general Ignacio Agramonte y de Matilde, esposa del general Eduardo Agramonte Piña.
Con los versos recién escritos, Loynaz del Castillo se dirigió a la tienda donde acampaba el bravo jefe mambí. “General, le dijo, Aquí le traigo un himno de guerra que llevará su nombre”. “A Las Villas, valientes cubanos, a Occidente nos manda el deber.
De la patria arrojad los tiranos. A la carga, a morir o vencer”. El Titán de Bronce escuchó las estrofas detenidamente y, estrechándole la mano expresó: “Magnifico, Loynaz! Yo no se nada de música; pero ésta me gusta, pero quítele mi nombre. Este será el himno de la invasión. Y recorrerá en triunfo la republica”.
Versos por la unidad
En aquel ambiente caldeado por la guerra, los versos de la invasión, como enseguida los llamaron, parecieron un reguero de pólvora.
El himno escrito por Enrique Loynaz del Castillo aquel quince de noviembre de mil ochocientos noventa y cinco en la finca La Matilde, en Camagüey, estaba consagrado.
Maceo llamó al capitán Dositeo Aguilera, director de la pequeña banda de música del Ejercito Libertador y le dijo: “Lo he llamado para que la banda toque un himno de guerra que le va a cantar aquí, el Comandante Enrique Loynaz del Castillo.
Apúrese en eso, agregó Maceo, pues lo quiero para mañana”. Una hora después estaba completa la melodía y al siguiente día, ante la entusiasmada tropa, se tocó nuestro Himno Invasor, como un canto a la unidad de todos los cubanos por la independencia de la Patria.
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