Bendición de la geografía cubana
faro-RoncaliLa Habana, Cuba.- Las aguas que bañan el Faro Roncali, por el cual se orienta la navegación desde 1850, fueron la bendición para este sitio de la geografía occidental cubana, declarado Reserva de la Biosfera.
Por el mar salían reservas de madera y miel, pero también llegaban víveres para la supervivencia de los habitantes del Cabo de San Antonio.
Se trata se un sitio al que sólo se podía acceder por vía marítima. Aunque cada uno de los pobladores engrandece el fenómeno, ellos son de las escasas referencias que quedan para hablar del tráfico marítimo de que era objeto la zona.
Algunos son descendientes de clanes familiares de antiguos corsarios y contrabandistas que se ocultaban en cayos cercanos y caían por sorpresa sobre los barcos españoles, cuando iban al puerto de La Habana.
Numerosos hundimientos
Más de 200 naufragios son contabilizados en el Faro de Roncali, desde el cual se domina el Paso de los Vientos y el Estrecho de Yucatán, y donde los barcos necesitaban recalar para luego trazar rumbo.
Para asegurar la riqueza y confundir la navegación inglesa, los españoles encendían hogueras. Los barcos tomaban el rumbo opuesto y se encallaban ante la embestida de los farallones del sur.
La tradición local recuerda a piratas como Noroña y el Olonés; también el inglés Henry Morgan, quien ancló con 36 galeones de guerra para asegurar provisiones antes de dirigirse a La Habana.
Según consta en los Archivos de Sevilla, hay tesoros de incalculable valor enterrados en los fondos de ese lugar, desde la ensenada de Cortés hasta el tramo de Cabo Corrientes.
Actos de piratería
Otras huellas delatan la presencia de filibusteros, como es el caso de la toponimia. Cueva de la Barca, Punta del Holandés, Pirata Perjuicio y Tumbas de Niroña fueron refugio de navegantes en tiempos en que se luchaba por el dominio del mar.
A criterio de historiadores, el primer acto de piratería en las proximidades de Pinar del Río fue protagonizado por franceses en 1537.
Unos años después, 30 buques ingleses se abastecieron de leña y agua en la ensenada de Corrientes.
Pero, lo sucedido en pasados siglos cambió en 1850 con las primeras luces del Faro Roncali. Desde entonces, la navegación de orienta por los destellos de ese testigo solitario, a pocos pasos del mar, que cada noche enciende sus luces en la porción más occidental del arco insular antillano.
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