La Edad de Oro: programa pedagógico martiano
la-edad-de-oroLa Habana.- Ya desde el prólogo al primer número de su revista La Edad de Oro, José Martí expone cuáles tienen que ser los propósitos de un programa de estudios.
"Para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes y se vive hoy en América y en las demás tierras", escribe Martí, destacando la necesidad de que cada ciudadano conozca su historia y se enorgullezca de ella.
En ese principio insistió toda su vida, y en el ensayo Nuestra América, donde una y otra vez resalta la grandeza de nuestra región, advierte: "La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria." Otra vez vuelve Martí al principio de la necesidad como condición de lo ineludible.
Saber o conocer
José Martí deseaba que los pequeños lectores de La Edad de Oro supieran cómo se hacen tantas cosas de cristal y de hierro, y las máquinas de vapor, y los puentes colgantes, y la luz eléctrica; para que cuando el niño vea una piedra de color sepa por qué tiene colores la piedra, y qué quiere decir cada color..."
Enuncia aquí un principio pedagógico trascendente: es importante saber, pero lo es mucho más conocer los porqués y el significado de cada fenómeno de la naturaleza y de la sociedad.
Sigue diciendo Martí que La Edad de Oro se publica para que el niño conozca los libros famosos donde se cuentan las batallas y las religiones de los pueblos antiguos.
Y establece una diferencia aparentemente sutil aunque muy significativa, entre saber y conocer, suponiendo que el saber entraña una apropiación más íntima e influyente.
De cielo y tierra
En el prólogo al primer número de La Edad de Oro escribe Martí que les hablará a los niños de todo lo que se hace en los talleres, donde suceden cosas más raras e interesantes que en los cuentos de magia, y son magia de verdad, más linda que la otra.
Subraya de ese modo el valor productivo de la educación como formadora de trabajadores, y el gusto que se debe inculcar por la acción transformadora del trabajo.
Sigue diciendo el autor que les dirá a los niños lo que se sabe del cielo y de lo hondo del mar y de la tierra, sin distinguir entre esos elementos ni dar a ninguno una especial preeminencia.
Ello explica por qué dejó de publicarse La Edad de Oro, cuando el patrocinador reclamó a Martí inculcar a los niños el temor al cielo cristiano y el cubano –que distinguía entre magia de ficción y acción creadora del hombre- rechazó esa imposición.
Elocuentes y sinceros
Martí sabe cuán importante es que la adquisición de conocimientos, hábitos y destrezas genere placer, diversión, alegría; por eso escribe que en La Edad de Oro no faltarán cuentos de risa y novelas de niños.
Reta a los jóvenes lectores a escribirle aun con faltas de ortografía, pues lo que importa es que el niño quiera saber; pero advierte que sólo se publicará la carta bien escrita; o sea, distingue el mérito.
Martí tiene en cuenta la diferencia de géneros como componente que no puede desatender ningún sistema educacional; por eso escribe que las hembras deben saber lo mismo que los varones, aunque hay cosas muy delicadas y tiernas que las niñas entienden mejor.
Más de un siglo después, La Edad de Oro aún aspira a formar ciudadanos que digan lo que piensan y lo digan bien: hombres y mujeres elocuentes y sinceros.
| Artículos relacionados |
|---|
|



