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La leyenda dominicana del libro

La Habana, Cuba.- República Dominicana es un país muy joven; por eso en la Decimocuarta Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, que concluyó este domingo, los visitantes son, sobre todo, niños y adolescentes; y en apariencia la mayoría de los libreros y gastronómicos y empleados de mantenimiento no sobrepasan la treintena.

La Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, a la que todos acceden gratuitamente, es un continuo ir y venir de escolares de todas las edades que guiados por sus profesores entran y salen de los improvisados locales donde se exponen y venden libros y cuadernos y revistas y útiles escolares y otros artículos que la ocasión aprovechan para buscar un comprador.

En la Feria del Libro de Santo Domingo tiene Cuba también un espacio donde ofrecer su producción editorial.

Para llegar lejos

El lema de la Decimocuarta Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, Leer te lleva lejos, parece expresar las aspiraciones de ese pueblo de tantas coincidencias y semejanzas con Cuba.

Ciudad de incesante tráfico automovilístico, la capital dominicana es, sin embargo, urbe de pocos semáforos y escasas señalizaciones de tránsito.

La presente feria del libro, que ahora da paso a su fase itinerante por distintas ciudades dominicanas, se desarrolla en medio de las campañas por las elecciones presidenciales del próximo año, frente a las cuales muchos dominicanos expresaron su escepticismo al reportero de la Revista Semanal.

No obstante, ese pueblo hermano vive orgulloso de su historia y es capaz de llegar tan lejos como se lo propicien sus gobernantes.

Cuba en santo domingo

Obras de Fidel y el Che y de José Martí y Lezama Lima, son las más demandadas por los lectores en el stand cubano de la Decimocuarta Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, requerido de una más dinámica y atractiva gestión de venta.

Apenas identifica a un cubano, el dominicano común expresa sus simpatías por Cuba, en el que se reconoce, con el cual se compara, y cuya obra y resistencia admira.

La humildad y sencillez de su gente, la correcta educación formal de sus escolares, el trato llano y amistoso del dominicano común cautivan al visitante.

Y crece en nosotros el afecto cuando una joven aduanera nos despide con esta afirmación de común identidad: “Si no fuera dominicana, hubiera querido nacer en Cuba”.




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