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Deme su autógrafo, por favor

La Habana.- Los llamados ¨cazadores de autógrafos¨ suelen ser algo molestos. Todo depende de la forma y el momento en que se solicita este recuerdo tan especial para los seguidores. Muchos artistas de diferentes ramas de la cultura se niegan a dar sus rúbricas por superstición, o porque piensan que eso los torna más interesantes.

Aunque muchos dicen que lo hacen para tener un poco de privacidad. Afirman esto último las llamadas  , porque valoran mucho los pocos instantes que la demoledora maquinaria propagandística los deja en paz. Otros, anhelan escuchar la frase que reza:

¨Deme su autógrafo, por favor¨, para sentirse reconocidos por primera vez, ante un grupo de rendidos admiradores, o simplemente encontrarse distinguidos al fin, entre sus más favorecidos colegas.

Alfombras de todos los colores

Los actores que llegan a Hollywood son muy asediados por los cazadores de autógrafos. Una película cuyo estreno ha sido divulgado hasta el agotamiento, y es aguardada por los cinéfilos, seguramente mantiene a la entrada de la sala cinematográfica una legión de cazadores que lloran por una firma, a veces garabateada, de cualquiera de los integrantes del Staff.

Las víctimas principales de estos enardecidos seres, son los protagonistas, que muchas veces han rebajado libras y se sometieron a diferentes cirugías, para lograr el aspecto deseado por las multitudes.

Así consiguen la sonrisa perfecta y lucir lo más asequibles posible, a la hora de escribir sus nombres en lugares  a veces inusuales, como camisetas, pañuelos, servilletas, o la propia piel del solicitante.

Un recuerdo de cine

Las otrora pepillas guardamos lo que se llamaba ¨la libreta de autógrafos¨. En ella atesorábamos los recuerdos de aquella vez que un actor o actriz nos miró con ojos condescendientes y nos escribió su nombre en ese espacio, hoy convertido en toda una reliquia.

No sólo los actores de fama son asediados ahora en ese sentido; también los escritores reconocidos, pintores de fama y notorios directores o guionistas, firman diferentes soportes, para que sus admiradores conserven un trozo de ellos mismos, o para tener algo de qué alardear.

El asunto del autógrafo es complicado, muchos han pagado con costillas rotas la osadía de abordar a su artista preferido, pero, si al final de la contienda, logró la deseada rúbrica, da el incidente como ¨Algo para recordar¨.




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