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Esos valores intangibles

La Habana.- Hay atributos de la personalidad que perduran aunque los tiempos cambien; por ejemplo, la honra.

Sin embargo, los motivos de honor que encolerizaron a Aquiles cuando Agamenón le arrebató a Briseida, o los que iniciaron la guerra de Troya cuando Paris le robó Helena a Menelao, no eran como los que enfurecieron al Cid cuando sus hijas fueron ultrajadas por los Infantes de Carrión, ni como el sentido del honor que cualquiera de nosotros defendería frente a un enemigo.

Sin embargo, ciertos valores desaparecen con el cambio de los tiempos; citemos por ejemplo aquella desaparecida costumbre de vestir de luto durante varios años cuando moría un familiar, formalidad que se fue restringiendo a la mujer y cuya hipocresía condenó Federico García Lorca en LA CASA DE BERNARDA ALBA

La relatividad de los valores

Si se le pregunta a una persona que ha pasado de los sesenta años de edad y conserva ímpetus creativos, probablemente dirá que su valor más importante es el tiempo, que ya se le agota.

Quizás la mayoría de los octogenarios confiese que sólo espera que el tiempo transcurra hasta su fatal desenlace, y los jóvenes que circundan la veintena responderán que tal asunto no les preocupa: para ellos el fin está lejos todavía.

En el olvido quedaron aquellos valores formales de la caballerosidad que los adultos inculcaban a los niños, como la advertencia de que la mujer debe ir por la parte interior de la acera al transitar en compañía de un caballero por la calle, o que el varón debe quitarse el sombrero frente a una dama o una persona de más edad o mayor dignidad.

La conducta inmoral lo será siempre

A pesar de lo dicho hasta aquí, hay valores realmente perdurables que desdeñan las personas de escaso o ningún mérito.

La decencia en el vestir, en el decir y en el comportamiento siempre rebasará los desenfrenos de la moda, de la vulgaridad y de la falta de decoro: el robo y la vagancia siempre han sido desvergüenzas y lo serán siempre, aun si aumentara la tolerancia.

No creo que lo que ahora es obscenidad deje de serlo mañana, como sugiere un animado humorístico que por ahí circula.

La prostitución es prostitución desde la antigüedad, y lo que hoy en Cuba tenemos como mala palabra lo era ya desde hace muchas décadas. La obscenidad no sólo está asociada al léxico, al lenguaje, sino también y sobre todo a la conducta ante la vida.




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