ChávezLa Habana, Cuba.- "Hay muertos que aunque muertos no están en sus entierros. Hay muertos que no caben en las tumbas cerradas y las rompen, y salen con el cuchillo de sus huesos para seguir guerreando en la batalla.
Únicamente los muertos entierran a sus muertos, pero jamás los entierra la Patria, la Patria viva, eterna, no entierra nunca sus propias entrañas..."
Estos versos del poeta cubano Manuel Navarro Luna parecen escritos ahora mismo para el comandante Hugo Chávez, quien también repetía el versículo bíblico en que se pide: "Dejad que los muertos entierren a los muertos".
Ahora el pueblo venezolano se resiste a inhumar a su líder, y quiere preservarlo como un talismán para librarse de los demonios que durante siglos le impidieron ejercer su derecho a tener patria y voz y una soberanía que defender.
Hasta siempre
Más que un cadáver insepulto, este es un ser incorruptible. Como murió en el apogeo de su obra, tendrá el privilegio de no envejecer jamás; por eso claman las multitudes que lo secundan: ¡Chávez vive! ¡La lucha sigue! Sus enemigos debieran oír ese clamor de pueblo insatisfecho, de muchedumbre dispuesta a completar la acción de justicia emprendida por su jefe, de masa decidida a sostener los ideales de su guía contra los huracanes.
Los jóvenes que alzan el puño acerado, las mujeres en cuyo semblante se retrata una fiera resolución, los hombres cuyas lágrimas hacen retroceder los maleficios de la muerte, los niños que lo aman, revelan a un pueblo diferente.
Era preciso que cayera el líder para poner de pie a su tropa y desperezar a los que aún dormían. No hay que dudarlo: ¡Chávez continuará hasta el infinito!

