José Martí y Nuestra América frente al imperio
José MartíLa Habana, Cuba. - Nuestro José Martí avizoró la necesidad de abrir un mundo nuevo para lo que él llamó Nuestra América, un haz de países que crecía bajo la mirada, torva y golosa, de Estados Unidos.
Ya Simón Bolívar había empujado con la fuerza de su espada la roca colonial en el continente. Sin embargo, aquel esfuerzo colosal estaba amenazado por el naciente imperialismo norteamericano y en Cuba, El Apóstol esperaba "un combate mortal con la colonia organizada, con la tácita ayuda de un vecino astuto".
Desde que salió por primera vez de la Isla, deportado en enero de 1871, Martí trabó rápido conocimiento de la realidad latinoamericana. Fue un conocimiento fundado en estancias más o menos largas en nueve países de la región y en la representación en Nueva York de los consulados de Uruguay, Paraguay y Argentina.
En el crisol del exilio
Es en la larga estancia en Estados Unidos donde José Martí profundiza su conciencia antimperialista.
Allá se afianza como convencido insurgente, orador prodigioso, poeta renovador y agudo cronista de las luchas sociales que se desarrollaban en la Meca del capitalismo moderno.
Es Martí testigo privilegiado de una época en la que Estados Unidos experimenta tremendas convulsiones sociales, fruto de la violenta explotación de la clase obrera. "Viví en el monstruo y le conozco las entrañas", escribe después para ilustrar sobre su conocimiento de los entretelones de la sociedad norteamericana.
Fue en esas pútridas entrañas, donde se acrisoló la posición antiimperialista martiana y se afianzó la decisión de impedir que los Estados Unidos "caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América".
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